lunes, 30 de julio de 2012

¿En qué pensaba Don Nuño?



Marisa Pineda

En qué carajos estaba pensando Don Nuño Beltrán de Guzmán cuando se le ocurrió quedarse a fundar la Villa de San Miguel de Culiacán en pleno tiempo de calor.  O por esos días había estado lloviendo a diario y se sentía fresquito, o ya se había hartado de matar indígenas que dijo “hasta aquí llegué. Aquí me quedo”.  Supiera Don Nuño cuantas veces le he recordado a sus ilustres ancestros en cada verano, sobre todo cuando luego de esmerarse una con el arreglo termina en calidad de sopa.

En qué estaba pensando Don Nuño. ¿Qué no lo hacía sudar lo entrapajado que andaba? En las estampitas lo pintan con cuello alto, abotonado hasta donde comienza la quijada, con otra camisa abajo, de la cual se asoma un cuello picudo. No conforme con la moda de trapo sobre trapo el fundador aparece en los retratos o con su casco metálico, que así como que muy fresco no ha de haber sido, o bien con una boina con una plumita tropicalona.

Por éstas fechas tuve un compromiso de esos de vestido largo obligatorio, de “pipa y guante” dijera mi abuela. La búsqueda del vestido fue como buscar la olla de monedas de oro al final del arco iris. El asunto no sólo era encontrar un vestido hermoso, que hiciera a esta su amiga lucir el cuerpo que fue en el que es ahora, sino que resultara apto para el inclemente verano culichi.

No hubo aparador en Culiacán que escapara del ojo avizor. Fueron decenas de tiendas a las que entré y salí con las manos vacías y el ojo más abierto que una caricatura japonesa. De unas porque las tallas se han achicado, en lo que yo me he ensanchado, de otras porque el precio del atuendo equivalía a pagar la renta, los servicios y la despensa de seis meses con trozos del vestido, cual moneda de curso legal.

Pero quién dijo que todo está perdido, y así hubo una tienda donde descubrí el vestido de los sueños. El precio si bien un poco alto era pagable, el color adecuado y el modelo me hacía sentir cual si la imagen que proyectaba el espejo truqueado de la boutique fuera la real.

Todo iba muy bien hasta llegar a casa y volvérmelo a poner para presumirlo. Desde la tienda el cierre dio algunos problemillas, problemitas que se resolverían con la ayuda de una faja o de permanecer por cinco días a dieta de agua y lechuga, y si se podía de agua y agua. Faja fue la opción, pero meterse en una faja en pleno  verano culichi no es tarea fácil. Aún dentro del aire acondicionado, estirar la prenda, extender las piernas, jalar y brincar hasta que el rebosante cuerpo quepa dentro del minúsculo tubo elástico provoca que gruesas gotas de sudor perlen frente, cuello, espalda y brazos.

Luego de varios minutos, paciencia y porfiar una y otra y otra vez, ahí me tiene ¡por fin! dentro de la faja y dentro del vestido. Todo parecía resuelto, cuando de pronto la pregunta obvia hizo tambalear el triunfo ¿y si quiero ir al baño, cómo le voy a hacer? ¡Ah! Porque deje le cuento que  la mayoría de los baños de las salas de fiesta (es verdad, que la muestra no es muy amplia porque tampoco son muchas las salas de fiesta que frecuento) que he conocido a lo largo de mi vida tienen un detalle en común: las cabinas del baño son chiquitas, cuando una va vestida “de civil” no hay problema, el asunto se complica cuando una va con algún atuendo ajustado o cuando lleva faja.

Es entonces, cuando uno siente que la cabina se achica a cada infructuoso esfuerzo por regresar la prenda a su lugar original en nuestro cuerpo, el sudor se hace presente complicando todo. El desespero aumenta hasta que le gana a una la claustrofobia y aplicando aquello de que finalmente todas las ahí presentes somos mujeres, salimos casi corriendo al área de los lavamanos y sin ningún pudor empezamos a brincar como canguros para volver a entrar en la faja.

Descubrimos que no somos las únicas en ese trance, y revaloramos el significado de la solidaridad de género, presente en quienes, aún sin conocernos, nos ayudan a subir el cierre del vestido, sobre todo de aquellos vestidos largos que lo tienen en la espalda, o llevan corsés con agujetas en el dorso.

Al final del proceso de revestimiento, hay que resanar el maquillaje y el peinado averiados por el esfuerzo hecho, pues por más bueno que sea el aire acondicionado del local, quien sabe que brujos se confabulan para que en los baños no esté tan fresco como afuera y termine uno en calidad de sopa.

En todo eso pensé cuando tuve que regresar el vestido a su empaque original y con forzada resignación emprendí el camino de vuelta a la tienda para pedirles me lo cambiaran por otro, vaporoso, holgado, apto para el inclemente verano de Culiacán con sus cuarenta y tantos grados y su sensación térmica de cincuenta.

En el camino recordé a la ilustre progenitora de Don Nuño Beltrán de Guzmán, y como tantas otras veces me pregunté ¿En qué estaba pensando Don Nuño cuando decidió fundar aquí la Villa de San Miguel de Colhuacan? ¿Qué no tendría planeado hacer huesos viejos en estos rumbos? ¿Qué no sentía el calor?  ¿No pensó en las generaciones venideras? ¿En qué carajos estaba pensando Don Nuño?

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Sugerencias, mentadas, invitaciones y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter nos encontramos en @MarisaPineda. ¿Cómo va con la lectura? Cuénteme qué libro le gustó y mientras, que tenga una semana bien fresca y relajada.



lunes, 23 de julio de 2012

Radionovelas



Marisa Pineda

“Voy a cantar el corrido del salteador de caminos, que se llamaba Porfirio, llamábanle Ojo de vidrio, lo tuerto no le importaba, el no fallaba en el tiro”. Ese estribillo acompañó de lunes a viernes toda mi niñez. No hubo día que La Matriarca se perdiera las aventuras de Porfirio Cadena,  rey de las radionovelas en México, como lo atestiguan 60 años de éxito ininterrumpido que han marcado generación tras generación.

Hace días esta su amiga tomó un taxi, en el trayecto el chofer sintonizó no sé que estación cuando una voz se me hizo familiar. ¿Es Porfirio Cadena? El chofer confirmó “él es,  a las ocho empieza”. No sé cómo será en otras ciudades, pero en Culiacán las aventuras de Porfirio Cadena “El ojo de vidrio” están en la memoria de decenas de generaciones.

En los recuerdos más remotos de quien esto escribe están dos radionovelas; Porfirio Cadena, la favorita de La Matriarca, y Kalimán, mi primer filósofo. Toda la infancia, de lunes a viernes, había que apurarle al desayuno antes de que comenzara Porfirio Cadena, pues si uno distraía a La Matriarca durante la transmisión, corto era el día para descargar su ira con el impertinente que la perturbó.

Dicen los del Departamento de investigaciones de A dos de tres que de 1940 a 1955 la radio en México tuvo su época de oro. Fue en esos años cuando surgieron radionovelas como “Corona de lágrimas”, “Chucho el roto” y “El derecho de nacer”, llevadas luego al cine y a la televisión con los actores de moda en turno.

Fue por ese entonces cuando de la pluma de Don Rosendo Ocaña, poeta, compositor y novelista oriundo de Rancho Escondido, Montemorelos, Nuevo León, surgió la saga de Porfirio Cadena, “El ojo de vidrio”, un hombre de campo que se vuelve criminal al vengar el asesinato de su padre.

En la primera de las entregas “Por qué se hizo criminal El ojo de vidrio”, se relata cómo Porfirio pierde a sus padres, ultimados a balazos por un grupo de hombres entre quienes está Don Fermín Castillo, el mismo que golpea a un joven Porfirio haciendo que perdiera el ojo.
A lo largo de las historias Porfirio demuestra que es, literal, un ojo alegre, pues cuanta mujer hermosa se cruza en su camino la enamora. Así, el bandido queda prendado de una bella joven hija de un hombre poderoso que la confina a un convento. Pero qué son los muros del claustro para el enamorado, que se impone a las barreras y rapta a la hermosa dama, procreando un hijo.

Marcado por la tragedia, Porfirio pierde a todas las mujeres que ama y la madre de su hijo no es la excepción. Con los años el niño aquel, Alejandro, descubre su origen despreciando a su padre. A lo largo de los cientos de episodios el Ojo de vidrio lo mismo será el más despiadado de los asesinos, que un bandido generoso que roba a los ricos para favorecer a los pobres. Su vida será tanto un constante afán de venganza, como de lograr el perdón y el amor de su hijo. Capítulo a capítulo, buscará la redención y la tranquilidad sin encontrarlas.
En sus andares el bandido no está sólo, siempre lo acompaña alguna de sus tantas amasias (así se refiere a sus amantes del momento). Entre sus aliados está también Jacinto de la Rosa y Flores, Chinto de la Rosa para los allegados, homosexual gay fiel como nadie al Ojo de vidrio.

Por el bando de los archienemigos de Porfirio figuran Lino Huitrón padre, e hijo del mismo nombre. El primero asesinado por el Ojo de vidrio y el junior, obvio, buscando vengar la muerte de su progenitor. De este lado está también El Comandante, porque serie tras serie siempre hay un comandante que persigue a Porfirio, quien si bien ha matado a muchos, la más de las veces lo ha hecho en defensa propia.

Porfirio tiene un secreto que le ha permitido salir de las situaciones más difíciles: un tesoro, escondido allá en la Sierra del Huajuco (Tamaulipas). Cuando se ve atrapado, el bandido revela ese secreto para provocar la codicia de quien lo puede sacar del atolladero.  También posee un chaleco de malla que lo protege.  El chaleco de malla convierte a Porfirio Cadena en un ser casi indestructible, y digo casi porque no logró salvarlo de la muerte que le provocó la mordida de una serpiente coralillo.

Sí creyó que con su muerte se acabó la historia de Porfirio, craso error porque Don Rosendo Ocaña escribió cantidad de historias en las que “vuelve Porfirio Cadena”, y cuando el recurso se agotaba sacaba una precuela.

“Bajaron tres campesinos de allá del Cerro Escondido, picado de un coralillo, venía ya muerto el bandido sobre el caballo tordillo”.

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, invitaciones, sugerencias, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter estamos en @MarisaPineda. Ya leyó A dos de tres, anímese a leer un libro. Que tenga una semana de gratas aventuras.

jueves, 19 de julio de 2012

Redes sociales



Marisa Pineda

Todo aquel que tenga un correo electrónico habrá recibido alguna vez la solicitud de ayuda para Amy Bruce, la niñita con cáncer que captará un dólar cada vez que alguien reenvíe el mensaje. Sabrá también que si suma todas las loterías que ha ganado en lugares inimaginables Forbes le debe una disculpa al no incluirlo en la lista de los más ricos del mundo. Esos son ejemplos de que no todo lo que circula en internet es cierto, y viene a colación porque en A dos de tres consideramos que los estudiosos de la política en nuestro país aún tienen pendiente un trabajo: analizar el impacto de las redes sociales en el reciente proceso electoral.

Antes de que alguien se esponje, aclaro: No me refiero a si el partido de enfrente o el de la otra cuadra hizo chapuza, eso es como denunciar que todos los magos hacen truco, el mérito no es decirlo sino encontrar y demostrar fehacientemente donde está la trampa. A lo que me refiero es a la real influencia que pudieron haber tenido o no las redes sociales en este proceso electoral. ¿Contribuyeron a orientar el voto? ¿Ayudaron a abatir el abstencionismo? ¿Beneficiaron a un candidato más que a otro? ¿Son acaso mero espejismo?

Quienes venimos de la era pre-internet (así no se escucha tan feíto) conocimos que la manera más eficaz de enviar solitudes de ayuda, mensajes motivadores y de destruir la reputación de cualquier persona era a través de la radio, de mensajes escritos y de la chismosa o del mitotero de la cuadra, respectivamente.

Hubo programas de radio famosos por sus avisos. “Se avisa a Petro que lleve una bestia de silla y cuatro de carga porque va a ir Domitilo con la mercancía, que los lleve ya sabe a donde y que no se vaya por el camino de siempre porque ahorita por ahí no se puede pasar.”  En ese entonces se decía que muchos de esos mensajes eran claves para el traslado de armas o enervantes en la sierra (estamos hablando de cuando a los hoy llamados narcotraficantes se les conocía como gomeros). Las frases motivadoras que hoy plagan los muros de Facebook circularon en su momento en cartitas con el lema Amor es…  o Momentos Preciosos son…  cuando lee A dos de tres, por poner un ejemplo. Sobre la propagación de chismes, basta decir que el compositor Enrique Sánchez Alonso, el popular Negrumo, hizo el mejor retrato musical de esos personajes en su canción Juana Chismón, quien “es la gran mitotera, cualquier cosita la hace grande a su manera”.

Cuando el correo se volvió electrónico, las cadenas que antes se aventaban a las casas, se dejaban en las bancas de las iglesias o en el asiento del camión, se volvieron digitales. Ahí veía a esta su amiga muy acomedida renviando el mensaje para que Amy Bruce recibiera muchos dólares para el tratamiento de su cáncer. Tres años después al recibir de nuevo el mismo texto comencé a sospechar que algo no era cierto.

Y es que en su inmediatez, uno comparte los mensajes en internet dando por bueno lo que los demás nos comunican; lo mismo aplica para textos apócrifos atribuidos a Mario Benedetti o a Gabriel García Márquez, que para fotografías que muestran a la esposa de un candidato golpeada a punta de “fotoshop”, que a videos en los que para dar una sola noticia el conductor aparece con dos y hasta tres corbatas diferentes.

Así como en la vida real, en el mundo virtual hay vivales que se aprovechan de la fe, la voluntad y hasta del coraje ajeno en aras de intereses muy particulares. Ejemplos abundan: A Amy Bruce, la pionera, le siguió  la niña extraviada que lo mismo se perdió en el Distrito Federal y es hija de un ingeniero, que en Quintana Roo y es hija de un mesero, que en Monterrey y es hija de un doctor.

Nadie duda del poder de las redes sociales para propagar cualquier especie a la velocidad de un click. Por ese poder mismo, los de A dos de tres consideramos que los estudiosos aún nos quedan debiendo cual fue el impacto de las redes en el reciente proceso electoral, más allá de su capacidad para compartir chistes o descalificaciones. ¿Inclinaron la votación a favor de tal o cual candidato? ¿De tal o cual partido? ¿Son acaso un espejismo? Esas respuestas aún nos las deben.

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com en Twitter nos encontramos en @MarisaPineda. Que tenga una semana libre de chismes, y anímese a leer, para que luego no le presuman con textos que no escribieron aquellos a quienes se los adjudican. 

lunes, 9 de julio de 2012

Placeres culposos



Marisa Pineda

Con solo verlo me transporté a la niñez, al salón de cuarto “B” en la hora del recreo, con parte de la clase cuidando la puerta para que no se metieran intrusos oportunistas ajenos al grupo, mientras la otra parte trepaba por la ventana y ayudados con lápices de bastón alcanzaban el tesoro prometido. Es curioso todo lo que puede despertar una rebanada de mango verde con chile y limón.

Dicen los que dicen saber que los olores y sabores son los recuerdos que la memoria mejor preserva, aun cuando se hayan producido en la más tierna infancia. Eso fue realidad esta semana en que comí mango verde con chile y limón. De esos mangos a los que con los años uno les va sacando la vuelta, de los que aún no se les termina de formar la semilla y ya está uno hincándole el diente. De esos que ponen a salivar.

La escuela Tipo, alma mater en la infancia, tenía un salón que colindaba al sur, con dos árboles de mango. Al inicio del ciclo escolar, luego de identificar con qué maestra nos tocaría la clase, lo siguiente en importancia era averiguar qué grupo estaría en dicho salón, pues ello garantizaba mangos verdes toda la temporada.

La de la letra es parte de una generación cuya infancia fue de placeres simples. En tiempo de calor algunos de ellos eran comerse una paleta helada, una nieve de limón o un raspado de “rosa”, como llamábamos al jarabe dulce de tal color. Había vendedores innovadores que preparaban pirulines helados, que no eran otra cosa que hielo raspado vertido en un envase en forma de cono, al cual colocaban un palito, lo sacaban del mo iciste para que te quedara la lengua roja? Pide de rosa con amarillo. ¿Cómo le haces para que te quede la lengua pintada de negro? Pídele al señor de todos los colores.

Esos eran de los gustos permitidos, pero había otros tan culposos como prohibidos; dentro de ellos el reservado a iniciados: comer mango verde.Con la temporada llegaba la advertencia: “¡Ay! de ti que te cache comiendo mango verde. Se te van a “morir” los dientes, te va a dar chorro y te van a salir “vivos” en la boca”. Para quienes no conocieron esos términos cabe explicar que la voz nada médica “morir los dientes” se refería a la hipersensibilidad que deja el comer alimentos ácidos en exceso. Dar chorro era sinónimo de dar diarrea, y los “vivos” eran la forma coloquial de llamar a las aftas.

Por esos días de suerte que tiene uno, durante el cuarto grado a mi grupo le tocó estar en el cotizado salón que daba a los mangos. En ese tiempo se pusieron de moda los lápices de bastón; unos lápices largos que en vez de borrador tenían una asa para semejar un bastón. Dada su longitud eran sumamente incómodos para la escritura, pero resultaban muy útiles en la zafra del preciado fruto. 

A la hora del recreo, en vez de salir al patio nos quedábamos y el grupo se dividía. Una parte cuidaba que no se metieran los oportunistas de otros salones a quitarnos aquellos mangos que considerábamos nuestros,  mientras la otra parte trepaba por las ventanas y ayudado por los lápices de bastón alcanzaba la fruta que luego se repartía entre todos.

Lo que seguía era un concurso de caras y gestos a cada mordida que se daba a aquel fruto inmaduro, y sin lavar. Quienes tenían paladar gourmet llevaban sal, limón o chile en polvo para aderezar.

El cuerpo fía pero cobra, y a las horas comenzaba el pago con intereses leoninos. Dolores de panza y diarrea eran moneda de curso legal para abonar a la bacanal. Habíamos quienes nuestro estómago no nos delataba, pero la piel sí. La molesta aparición de aftas era marca inequívoca del pecado gastronómico cometido. Las secuelas daban pauta para el mercado negro de mangos verdes. Había quienes optaban por vender su parte de la cosecha, o la intercambiaban por golosinas y cartitas del álbum de moda, extendiéndose así los efectos secundarios de aquel placer culposo.

Ello provocó que más de alguna madre alzara la voz en la junta mensual de los padres de familia, para pedir se hiciera algo al respecto. La solución fue que llegada la hora del recreo nos sacaban a todos al patio y le echaban llave al salón. La fruta terminaba por madurar y ya madura se la comían las maestras. Ya madura a nadie nos interesaba. Así, ya no tenía chiste.

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, mentadas, invitaciones y felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter nos seguimos en @MarisaPineda. Que tenga una semana de grandes placeres, como el de la lectura. 

¡Táchenme! en la boleta




Marisa Pineda

Hace tiempo, por rumbos del centro del país a la de la letra le tocó presenciar un mitin en un pueblo con nombre difícil de pronunciar y más difícil de memorizar. El candidato era el prototipo de político de tira cómica. El tipo llegó levantando los brazos a manera de saludo, subió al templete, de entre la gente se oyeron rechiflas y mentadas. El candidato sin inmutarse agarró el micrófono, soltó su discurso al estilo “pueblo de Chipiculco” y culminó exhortando “y si tan mal les caigo, cuando me vean en la boleta táchenme, pónganme una cruz”.

No hay día que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Llegó el 1° de julio y A dos de tres le  preparó la Guía de los Sí y los No a la hora de acudir a votar. Usted vote, por quien le de la ruda o técnica gana pero vote. Que no sea en vano el hartazgo que produjeron los 22 millones de spots transmitidos en radio y televisión.

Estos últimos tres meses, ni viviendo en una cueva quedaba exento de ser tocado por alguna forma de propaganda política. Ya bastante tuvimos para tomar una decisión. Ni se nos va a regenerar ni a morir ninguna neurona si da su voto al candidato que firma aquello por lo que se compromete, o si vota por la diferente, o por el amoroso, o por el liberal.

En lo que se alista para acudir a la casilla a emitir su sufragio va la primera recomendación: Cuidar el atuendo. Es en serio. No se le ocurra ir presumiendo la camiseta que dice Vote por Fulanito o Yo con Perenganito, porque no lo van a dejar entrar. Tampoco acuda luciendo ropa con las siglas o los colores de algún partido político. Dicen los de Vida y Estilo que “una playera o camisa en tonos neutros sería lo ideal para evitar corajes”.

Ya quedó bien ajuareado,  ahora ¿Para dónde? Si cae en cuenta que no tiene NPI (Ni Posible Idea) de dónde está su casilla. Tome el periódico y revise el encarte donde viene la ubicación de las casillas. Si no tiene periódico pero sí computadora, la página del Instituto Federal Electoral www.ife.org.mx  indican los pasos para ubicar su casilla. ¿No tiene computadora con internet o se fue la luz? Puede llamar al 01 800 433 2000 e igual le informan. ¿No tiene teléfono? Pregunte a sus vecinos.

Ya llegó a la casilla, lleva su credencial renovada (las que tienen terminación 03 no se aceptarán. Como música de fondo se escucha el odioso: “teee loo diijeee”) y le dan su boleta. Si el candidato por quien desea votar sólo aparece en un cuadrito marca ese cuadrito y listo; pero si figura en dos o tres recuadros puede tachar uno o todos en los que aparezca el mismo candidato. Así es de fácil.

Lo que no debe hacer es marcar a su consentido y escribir mentadas a los demás. De que puede hacerlo, claro que puede, es muy su boleta y Usted sabe si quiere pintar en ella una carita feliz o una grosería. El asunto es que ese voto se anulará, pero antes dará lugar a malas interpretaciones, a dimes y diretes entre los representantes de partido y los funcionarios de la casilla, a impugnaciones que demorarán los conteos. Se va a armar una tremolina que pudo evitarse si opta por la sugerencia de A dos de tres: marque la boleta como se debe y en las redes sociales desahóguese, ahí no faltará quien le haga coro ni quien se la revire sin causar mayores problemas.

Las casillas abren a las ocho de la mañana y cierran a las seis de la tarde. No se espere a que den las seis para llegar exigiendo y llamándose a robado porque no le permitieron votar cuando ya estaban levantando todo.

Como cada vez que se anuncia ley seca hay compras e ingestas de pánico. Si decide ponerse una guarapeta histórica, que sea después de votar. En las casillas no se permiten personas a punto de la congestión alcohólica, como tampoco a quienes llevan como mascotas elefantes rosas que sólo ellos ven. Evítese la pena de que le pidan salir del lugar, y no se ponga rijoso porque se lo lleva la patrulla.

El salario mínimo en nuestro país es de casi 60 pesos al día, mientras que un voto en territorio nacional nos cuesta 350 pesos en promedio y en el extranjero alcanza los 3 mil 350, partiendo de datos proporcionados por consejeros del Instituto Federal Electoral. Ya llegará el día en que las elecciones no sean tan costosas, en vía de mientras, hagamos nuestra parte. De poco sirve tanta marcha a favor o en contra de equis candidato, tanto activismo en las redes sociales si a la hora de ir a votar la que gana es la apatía o la flojera. La lucha es el 1° de julio en las urnas, o no es. Dicen los de Vida y Estilo que, además de cumplir con una obligación ciudadana y de ejercer un derecho, la semana próxima lo “in” será lucir la marca de la democracia.

Antes de concluir. Recuerde que los funcionarios de casilla son personas tan honradas como Usted, como su familia, como sus amigos. No los ofenda dando más validez a lo que “escuchó por ahí”. Que dieron lápices para borrar los votos. ¿Ya vio la calidad del papel? Si lo borra se va a marcar. Si lo deja más tranquilo emplear su propio bolígrafo, crayón de cera o el delineador de ojos, úselo, igual vale. Pero no ponga en tela de duda la honradez de esas personas que dedicaron su domingo a estar lidiando con las inclemencias del tiempo, turnándose para ir al baño, comiendo a como pueden, por tal de que cuando Usted vaya a votar, todo esté listo. Cuando Usted se va con su dedito marcado, ellos se quedan, levantan la casilla y tienen que ir a hacer largas filas para entregar los paquetes electorales. Van regresando a sus domicilios de madrugada y todo por cumplir su deber como ciudadanos. Ellos merecen respeto.

Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter nos seguimos en @MarisaPineda. Que tenga una semana libre de mentadas. Y recuerde “el mejor libro será el que enseñe más y en menos páginas”. Leamos. ¡Ah! Y si se quedó con la duda, el candidato de la anécdota de inicio, ganó.