A dos de tres
Marisa Pineda
Es domingo en Culiacán, para ser verano el día esta relativamente fresco, en el cielo el nublado presagia tormenta. En muchos hogares se sigue la final de la Copa Confederaciones de Fútbol, Brasil viene de atrás para vencer a un sorpresivo Estados Unidos que en el primer tiempo les puso tremendo susto. Son alrededor de las 2:00 de la tarde del 28 de junio, hora de la comida. Brennie sale de su casa, en la colonia 5 de Mayo, va rumbo al abarrote a comprar refrescos, lleva cien pesos para pagar. Un tipo armado la asalta y le dispara. Horas más tarde Brennie muere a consecuencia del tiro que recibió por la espalda. Tenía doce años.
Hija única, alumna ejemplar, buena para contar chistes y para jugar fútbol, Brennie estaba por egresar de sexto grado. Ya había hecho examen para la secundaria, y lo pasó. En unas semanas más saldría de vacaciones. Vendría la emoción de cambiar de ambiente, de conocer nuevos amigos, de llevar otro uniforme, otros libros, otros útiles, otra mochila. A los doce años, en la biografía los verbos se conjugan en futuro.
Dicen los que dicen saber que los asesinos a sueldo no matan por la espalda, que es signo de cobardía, de aplicar la ley de la ventaja ante la víctima en total indefensión. Cuentan que matar por la espalda es de mala suerte, que cuando el cuerpo queda boca abajo se lleva el alma del verdugo, que por eso los voltean con el pie y les dan el tiro de gracia.
Pero el asesino de Brennie quizás en nada de eso pensó. Quizás sólo vio el billete de 100 pesos que llevaba la niña. Cien pesos apenas suficientes para una vela de mariguana de dudosa calidad, para un par de “tachas”, para una piedra de crack, cien pesos que no alcanzan para una grapa de cocaína, pero que fueron suficientes para convertir el mañana de Brennie en historia.
A los doce años es difícil tener amigos influyentes. A los doce años los amigos son de la edad, apenas uno o dos años mayores. A los doce años los que tienen más de 18 son “grandes”, los de 30 “adultos”, los de 35 “mayores” y los de más de 50 “viejitos”. A los doce años las amistades más poderosas son las que tienen las revistas con las mejores fotos y los mejores discos de los artistas de moda, las que poseen la playera, los zapatos o el accesorio que impone el artista juvenil del momento. A los doce años las palabras política, organismo empresarial, ombudsman y líder de opinión aparecen sólo en los libros de texto.
Quizás por eso, porque Brennie sólo tenía doce años, porque carecía de relaciones con las altas cúpulas empresariales, porque no se hablaba de tú con la gente en el Poder, porque no marcaba directamente a los teléfonos celulares de los políticos más encumbrados, es que su muerte no provocó los desplegados, las declaraciones airadas exigiendo justicia que asesinatos como el suyo deben provocar.
A ocho días de su muerte, los dirigentes camarales, los paladines de los derechos humanos, los “líderes de opinión” que aprovechan la menor provocación para consumir tiempo aire y líneas ágata, han guardado un vergonzoso silencio, un silencio que lastima, que ofende, que da pena ajena.
A casi ocho días de su muerte, quienes alzan la voz por Brennie es la gente común, aquellos a quienes se les eriza la piel con sólo imaginar el dolor de la familia, de los amigos. Aquellos que el sólo suponerse en una situación tal los hace elucubrar viejas y nuevas formas de inflingir daño.
A casi ocho días de su muerte, la mayor manifestación de solidaridad con la familia de Brennie provino de sus compañeros de la primaria Ángel Flores. Vestidos de blanco, salieron a la calle exigiendo justicia, castigo al responsable. Justicia, lo menos que se puede demandar, pero que pareciera ser mucha demanda.
En foros locales y por correo electrónico circulan mensajes en donde piden que si alguien tiene alguna información sobre el asesino, la haga saber a tal o cual dirección para “encargarse” de él. Es como si estuviera conmovida la única parte sensible de aquellos para quienes la muerte es un modo de vida, y la vida es moneda de curso legal.
Pero ni ellos han obtenido respuesta. Parece que nadie vio nada. A los doce años no hay morbo que alimente a aquellos curiosos que jamás ven nada, pero saben perfectamente con quién se besó la vecina en edad de merecer, a qué hora salió, en qué auto pasaron por ella, a qué hora regresó, en qué condiciones y si fue en el mismo vehículo en el que partió. A los doce años no hay chisme que perseguir. Quizás por eso nadie vio nada.
El domingo 28 de junio, Brennie Felician Medina salió con cien pesos en la mano a comprar refrescos al abarrote de la esquina. Eran las 2:00 de la tarde, la hora de la comida. Un tipo armado la asaltó para quitarle el dinero. Cien pesos que no alcanzan ni para una grapa de cocaína. Le pegó un balazo que ni los sicarios de más baja ralea disparan: un tiro por la espalda. A sus doce años Brennie luchó por aferrarse a la vida. En su lucha no estuvo sola; médicos, familia, amigos hicieron todo lo que pudieron durante 24 horas, pero ese día el cielo necesitaba un ángel.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com
Que tenga una semana en que el silencio no duela.
lunes 6 de julio de 2009
lunes 22 de junio de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
Los médicos, los gurús de la belleza y, por si ello no fuera suficiente, la publicidad, recomiendan beber dos litros de agua al día. La ciencia dice que el cuerpo humano está formado en un 60 por ciento de agua. Por esa concentración algunas corrientes sostienen que, al igual que a las mareas, los ciclos lunares nos afectan. Por qué, entonces, cuando empieza a llover, en cuanto nos caen dos gotas, caemos en pánico cual si se tratara de lluvia ácida. Lo otro; por qué cuando algún motorizado ve a un peatón hecho sopa, le acelera para terminar de bañarlo.
Se supone que la función básica del calzado es proteger la piel de los pies de las inclemencias del medio ambiente. Con el paso del tiempo, esa función ha quedado prácticamente en desuso. Las mujeres somos afectas a treparnos en tacones y plataformas que son pase garantizado al traumatólogo o fisioterapeuta. Además, pareciera que la norma es: entre más incómodo sea el zapato, más caro será. Los varones no se quedan tan atrás, en lo que “doman” botas o mocasines.
Cuando caen las primeras lluvias fuertes, si es hombre, lo más seguro es que lo agarre con el calzado recién boleado o con tenis blancos, recién limpios. Es como con el carro, puede traerlo un mes hecho un asco, todo es cuestión de que salga del auto lavado para que, cómo en conjuro, se suelte un chaparrón, igualito pasa con los cacles. Ahí anda escondiendo los pies porque no se ha dado tiempo para ir a limpiar los zapatos, pero justo el día en que le roba tiempo al tiempo para hacerlo, por la tarde escucha el “¡brooom!” de la naturaleza, el cielo de pronto se cierra, la enclenque e inofensiva nubecita blanca de la mañana se ha vuelto un Cúmulo que, por más que corra, por más que se resguarde, acabará con su pequeña inversión.
¡Ah!, pero en el caso de una mujer, el asunto es totalmente distinto. Una mujer difícilmente estará dispuesta a permitir que un mugroso charco o arroyo acabe con sus zapatos. ¡Nunca de los nuncas! Con un entrenamiento a base de ampollas y raspones, provocados por tiras, bordes, costuras, hebillas y adornos del cacle, una mujer no cederá a la lluvia sin antes darle la pelea.
Si se fue precavida, una sacará de la bolsa un par de calzado destinado justamente para ser usado en la lluvia. Son zapatos que no llegarán a ver el fin de año, pues en cuanto pase la temporada quedarán en condiciones para ir derechito a la basura.
Si la situación no dio para medidas preventivas, en cuanto el agua arrecie, una se agachará y con una gracia tal se sacará el calzado, lo tomará, lo guardará en la bolsa y reanudará el camino con un señorío que ocultará las molestias de andar pisando con la pata bichi cuanto objeto arrastra el agua.
Las razones para emprender semejante aventura van: desde el considerar que siempre será más barato y menos doloroso curar una cortada (antiséptico, dos puntadas y una antitetánica) que un hueso roto por andar trepado en 12 centímetros de tacones y tres de plataforma, en medio de la lluvia; hasta el recordar que uno desembolsó sin chistar media quincena por un par de zapatos de corte, suela y forro sintéticos, “pero bien bonitos”.
Si hace un sondeo entre sus amigas encontrará que más de una cedió alguna vez ante el embrujo de unos zapatos de materiales sintéticos (Made in China o Made in Hong-Kong), igualitos a los que vio en una revista, pero más baratos. Si por esos azares del clima, le agarró el agua y no hubo oportunidad de descalzarse por voluntad propia, luego de un momento empezará a sentir los zapatos cada vez más, y más, y más cómodos, hasta descubrir que se deshicieron en sus pies. Al revisarlos encontrará que el material entre el plástico de la suela y el del corte, era cartón.
Con zapatos en la mano o calzados, allá va Usted, sacándole la vuelta a los chorros que caen de las marquesinas y los techos (arrastran insectos y basura), a las rampas que se han vuelto más resbalosas. Pisa el charco y recuerda que aún no ha terminado de pagar el cacle pero, ni modo, el agua no tiene para cuando quitarse y existe el riesgo de que, al rato, el panorama para su rumbo se ponga peor. Va pensando en lo que se le ocurra cuando de pronto, de la nada escucha otra vez “¡broooom!”, ahora no es el cielo tronando, es un tipo motorizado que ha encontrado divertido aplastar el acelerador y hacer olas para bañar a quienes no les quedó de otra que mojarse.
No falta el patán que justifica: “para que se termine de bañar”, olvidando que no es lo mismo empaparse con agua de lluvia, que con agua lodosa que corre por el arroyo. Peor aún, cuando uno está refugiado en una marquesina de tres metros, junto con otras cuarenta personas, y pasa el sujeto en cuestión.
A medida que el agua sucia cae por el cuerpo, lo menos que uno le desea al gañán motorizado es que se le apague el auto, pase otro tipejo y le haga una grosería igual, para que sepa que no es gracioso y que si eso es humor, es un humor muy sucio. En lo que uno imagina esa escena, la rama materna del árbol genealógico del fulano será recordada hasta por allá en que la doceava generación anterior.
Aún cuando el 60 por ciento del cuerpo humano sea agua, algo debe haber en el 40 por ciento restante para que a las primeras gotas emprendamos carrera como si, en vez de agua, fuéramos de azúcar.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que tenga una semana en que le lluevan buenas noticias.
Marisa Pineda
Los médicos, los gurús de la belleza y, por si ello no fuera suficiente, la publicidad, recomiendan beber dos litros de agua al día. La ciencia dice que el cuerpo humano está formado en un 60 por ciento de agua. Por esa concentración algunas corrientes sostienen que, al igual que a las mareas, los ciclos lunares nos afectan. Por qué, entonces, cuando empieza a llover, en cuanto nos caen dos gotas, caemos en pánico cual si se tratara de lluvia ácida. Lo otro; por qué cuando algún motorizado ve a un peatón hecho sopa, le acelera para terminar de bañarlo.
Se supone que la función básica del calzado es proteger la piel de los pies de las inclemencias del medio ambiente. Con el paso del tiempo, esa función ha quedado prácticamente en desuso. Las mujeres somos afectas a treparnos en tacones y plataformas que son pase garantizado al traumatólogo o fisioterapeuta. Además, pareciera que la norma es: entre más incómodo sea el zapato, más caro será. Los varones no se quedan tan atrás, en lo que “doman” botas o mocasines.
Cuando caen las primeras lluvias fuertes, si es hombre, lo más seguro es que lo agarre con el calzado recién boleado o con tenis blancos, recién limpios. Es como con el carro, puede traerlo un mes hecho un asco, todo es cuestión de que salga del auto lavado para que, cómo en conjuro, se suelte un chaparrón, igualito pasa con los cacles. Ahí anda escondiendo los pies porque no se ha dado tiempo para ir a limpiar los zapatos, pero justo el día en que le roba tiempo al tiempo para hacerlo, por la tarde escucha el “¡brooom!” de la naturaleza, el cielo de pronto se cierra, la enclenque e inofensiva nubecita blanca de la mañana se ha vuelto un Cúmulo que, por más que corra, por más que se resguarde, acabará con su pequeña inversión.
¡Ah!, pero en el caso de una mujer, el asunto es totalmente distinto. Una mujer difícilmente estará dispuesta a permitir que un mugroso charco o arroyo acabe con sus zapatos. ¡Nunca de los nuncas! Con un entrenamiento a base de ampollas y raspones, provocados por tiras, bordes, costuras, hebillas y adornos del cacle, una mujer no cederá a la lluvia sin antes darle la pelea.
Si se fue precavida, una sacará de la bolsa un par de calzado destinado justamente para ser usado en la lluvia. Son zapatos que no llegarán a ver el fin de año, pues en cuanto pase la temporada quedarán en condiciones para ir derechito a la basura.
Si la situación no dio para medidas preventivas, en cuanto el agua arrecie, una se agachará y con una gracia tal se sacará el calzado, lo tomará, lo guardará en la bolsa y reanudará el camino con un señorío que ocultará las molestias de andar pisando con la pata bichi cuanto objeto arrastra el agua.
Las razones para emprender semejante aventura van: desde el considerar que siempre será más barato y menos doloroso curar una cortada (antiséptico, dos puntadas y una antitetánica) que un hueso roto por andar trepado en 12 centímetros de tacones y tres de plataforma, en medio de la lluvia; hasta el recordar que uno desembolsó sin chistar media quincena por un par de zapatos de corte, suela y forro sintéticos, “pero bien bonitos”.
Si hace un sondeo entre sus amigas encontrará que más de una cedió alguna vez ante el embrujo de unos zapatos de materiales sintéticos (Made in China o Made in Hong-Kong), igualitos a los que vio en una revista, pero más baratos. Si por esos azares del clima, le agarró el agua y no hubo oportunidad de descalzarse por voluntad propia, luego de un momento empezará a sentir los zapatos cada vez más, y más, y más cómodos, hasta descubrir que se deshicieron en sus pies. Al revisarlos encontrará que el material entre el plástico de la suela y el del corte, era cartón.
Con zapatos en la mano o calzados, allá va Usted, sacándole la vuelta a los chorros que caen de las marquesinas y los techos (arrastran insectos y basura), a las rampas que se han vuelto más resbalosas. Pisa el charco y recuerda que aún no ha terminado de pagar el cacle pero, ni modo, el agua no tiene para cuando quitarse y existe el riesgo de que, al rato, el panorama para su rumbo se ponga peor. Va pensando en lo que se le ocurra cuando de pronto, de la nada escucha otra vez “¡broooom!”, ahora no es el cielo tronando, es un tipo motorizado que ha encontrado divertido aplastar el acelerador y hacer olas para bañar a quienes no les quedó de otra que mojarse.
No falta el patán que justifica: “para que se termine de bañar”, olvidando que no es lo mismo empaparse con agua de lluvia, que con agua lodosa que corre por el arroyo. Peor aún, cuando uno está refugiado en una marquesina de tres metros, junto con otras cuarenta personas, y pasa el sujeto en cuestión.
A medida que el agua sucia cae por el cuerpo, lo menos que uno le desea al gañán motorizado es que se le apague el auto, pase otro tipejo y le haga una grosería igual, para que sepa que no es gracioso y que si eso es humor, es un humor muy sucio. En lo que uno imagina esa escena, la rama materna del árbol genealógico del fulano será recordada hasta por allá en que la doceava generación anterior.
Aún cuando el 60 por ciento del cuerpo humano sea agua, algo debe haber en el 40 por ciento restante para que a las primeras gotas emprendamos carrera como si, en vez de agua, fuéramos de azúcar.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que tenga una semana en que le lluevan buenas noticias.
lunes 8 de junio de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
“La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción…”
La lucha libre tiene 75 años de haber llegado a México. En este tiempo ha tenido épocas de oro y otras sólo para fieles. La actual es de las doradas. La popularidad de este deporte, en el que México es potencia, esta por las nubes, tan alto que cada vez más partidos políticos no dudan en echar mano de luchadores para buscar simpatías a su causa, ya sea sumándolos como promotores que como candidatos.
La lucha libre llegó a nuestro país con la Intervención Francesa. Por allá en que 1910, comenzaron a surgir empresas que presentaban funciones de lucha como espectáculo. Sin embargo, no es sino hasta 1934, con arenas como la Coliseo, Revolución y la México, la “Catedral de la lucha libre mexicana”, que el deporte cuenta con los escenarios que permitirían catapultarlo al imaginario colectivo.
El público que abarrotaba las arenas en esa época empezó a crear a sus mitos, los cuales, con el respaldo de los medios de comunicación, llegarían a alcanzar la categoría de leyendas. El ejemplo más claro hasta nuestros días es Santo, el enmascarado de plata.
En la década de los 50, llegan a las pantallas grandes películas con luchadores en el protagónico. El respetable abarrota arenas y salas de cine. El cine con luchadores se convierte en género: cine de luchadores, y los gladiadores en los astros más refulgentes del nuevo “star system”. Los aficionados brincan las barreras geográficas de los barrios bajos y llegan a las arenas, donde la escala social se desvanece, ahí no hay pobres ni ricos, sólo rudos y técnicos.
Fue en esa época, en 1952, cuando el grupo Los Trincas le pidió al compositor Pedro Ocadiz Guadarrama una canción simpaticona. Ocadiz escribió entonces la “Cumbia de los luchadores” y Raúl Zapata Ferrer puso la música. Los Trincas no grabaron el tema, pero sí el grupo Supersecos, sin que pasara absolutamente nada. La lucha estaba en las arenas, en las pantallas grandes, pero la “Cumbia de los luchadores” no, el tema no aparece en ninguna película ni en ningún programa de la época.
Treinta años más tarde, en 1983, el conjunto África rescata el tema, lo graba y el resto es historia. Desde entonces es la banda sonora de aquellos a quienes nos gusta la lucha libre.
La influencia de la lucha y sus protagonistas –los luchadores, que no los empresarios- es muy grande. En su libro “100 llaves de lucha libre”, Pablo Lavín asienta: “A la popularidad que le dio la televisión a la lucha libre, este deporte correspondió convirtiéndose en el principal factor de venta de aparatos de televisión en México”.
Con tales referencias, pues, no es extraño que haya quienes busquen un poquito de la popularidad del luchador para su causa. Blue Demon Jr. apoya irrestrictamente decenas de actividades para atender a enfermos de cáncer, especialmente niños, padecimiento del cual él es ejemplo de sobrevivencia.
En el 2006, el mismo Blue Demon Jr. cedió el escenario y ocupó su lugar en primera fila para corear vítores en el cierre de campaña de Felipe Calderón. Gladiadores como Atlantis y Dos Caras son parte también de la militancia del partido blanquiazul, al igual que el popular Místico, quien protagoniza un anuncio en las actuales campañas políticas. Dicho anuncio se transmitió, salió del aire, lo volvieron a programar y lo volvieron a quitar. Al momento de redactar éstas líneas el spot de marras está fuera de pauta. Dicen los enterados en asuntos del pancracio que se debe a diferencias de El Místico con el Consejo Mundial de Lucha Libre, empresa a la cual pertenece y la que, aseguran, es propietaria tanto del nombre como del equipo (máscara y atuendos) del personaje.
También en el 2006, cuando el “voto por voto, casilla por casilla”, una constelación del pancracio protagonizó “Lucha por la democracia” un cartel de lujo, en apoyo a Andrés Manuel López Obrador. En la plancha del zócalo de la Ciudad de México se instaló un ring y a él subieron Ringo Mendoza, los Hermanos Dinamita (Cien Caras, Universo 2000 y Máscara Año 2000), el Villano IV y el Villano V, las luchadoras La Diabólica, Zahori, Hiroka y muchas estrellas más. Entre los réferis estuvieron El Maya y El Gatito. Parte importante en la organización y promoción de “Lucha por la democracia” la tuvo El Brazo de Oro, con largo historial pro causa perredista. El cierre de “Lucha por la democracia” fue el encuentro de “El Peje contra las Fuerzas Oscuras”. Era el 2006.
La historia del deporte y la política dan cuenta de la presencia de El Santo apoyando campañas priístas, como la de Gustavo Díaz Ordaz. La popularidad del Enmascarado de Plata era un imán para cualquier acto proselitista. Cuenta la leyenda urbana que en alguna ocasión un candidato a la Presidencia de la República pidió: “dígale (al Santo) que le agradezco mucho su cooperación, pero al paso que vamos, él terminará siendo el Presidente”. En la campaña del año 2000, en los espectaculares se podía ver la imagen del plateado y la frase “Yo con (Francisco) Labastida”, quien perdió la primera magistratura con el panista Vicente Fox.
En la lucha libre hay dinastías que han escrito páginas memorables sobre el ring. Una de ellas es la de los Villanos. Este año, el Villano III, Arturo Díaz Mendoza, fue invitado por el Partido Verde Ecologista para buscar una curul por la delegación Iztapalapa (Distrito Federal); hizo sus pinitos, declinó la invitación y regresó de lleno a la lucha, no sin antes aclarar que tal vez más delante sea el momento para ingresar de lleno a la política.
El ring, ese espacio de seis por seis, cercado por tres cuerdas, ha dado los más grandes héroes de la cultura popular mexicana. Hoy en día es, después del futbol, uno de los espacios más redituables para la televisión. La lucha y los luchadores están, literalmente, hasta en la sopa. No es extraño, entonces, que los mercadólogos políticos hayan entrado a estos terrenos a hacer la lucha.
La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción, en el ring estaban los cuatro rudos, ídolos de la afición…
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Por favor, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. Que tenga una semana en que los malos momentos salgan del ring.
Marisa Pineda
“La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción…”
La lucha libre tiene 75 años de haber llegado a México. En este tiempo ha tenido épocas de oro y otras sólo para fieles. La actual es de las doradas. La popularidad de este deporte, en el que México es potencia, esta por las nubes, tan alto que cada vez más partidos políticos no dudan en echar mano de luchadores para buscar simpatías a su causa, ya sea sumándolos como promotores que como candidatos.
La lucha libre llegó a nuestro país con la Intervención Francesa. Por allá en que 1910, comenzaron a surgir empresas que presentaban funciones de lucha como espectáculo. Sin embargo, no es sino hasta 1934, con arenas como la Coliseo, Revolución y la México, la “Catedral de la lucha libre mexicana”, que el deporte cuenta con los escenarios que permitirían catapultarlo al imaginario colectivo.
El público que abarrotaba las arenas en esa época empezó a crear a sus mitos, los cuales, con el respaldo de los medios de comunicación, llegarían a alcanzar la categoría de leyendas. El ejemplo más claro hasta nuestros días es Santo, el enmascarado de plata.
En la década de los 50, llegan a las pantallas grandes películas con luchadores en el protagónico. El respetable abarrota arenas y salas de cine. El cine con luchadores se convierte en género: cine de luchadores, y los gladiadores en los astros más refulgentes del nuevo “star system”. Los aficionados brincan las barreras geográficas de los barrios bajos y llegan a las arenas, donde la escala social se desvanece, ahí no hay pobres ni ricos, sólo rudos y técnicos.
Fue en esa época, en 1952, cuando el grupo Los Trincas le pidió al compositor Pedro Ocadiz Guadarrama una canción simpaticona. Ocadiz escribió entonces la “Cumbia de los luchadores” y Raúl Zapata Ferrer puso la música. Los Trincas no grabaron el tema, pero sí el grupo Supersecos, sin que pasara absolutamente nada. La lucha estaba en las arenas, en las pantallas grandes, pero la “Cumbia de los luchadores” no, el tema no aparece en ninguna película ni en ningún programa de la época.
Treinta años más tarde, en 1983, el conjunto África rescata el tema, lo graba y el resto es historia. Desde entonces es la banda sonora de aquellos a quienes nos gusta la lucha libre.
La influencia de la lucha y sus protagonistas –los luchadores, que no los empresarios- es muy grande. En su libro “100 llaves de lucha libre”, Pablo Lavín asienta: “A la popularidad que le dio la televisión a la lucha libre, este deporte correspondió convirtiéndose en el principal factor de venta de aparatos de televisión en México”.
Con tales referencias, pues, no es extraño que haya quienes busquen un poquito de la popularidad del luchador para su causa. Blue Demon Jr. apoya irrestrictamente decenas de actividades para atender a enfermos de cáncer, especialmente niños, padecimiento del cual él es ejemplo de sobrevivencia.
En el 2006, el mismo Blue Demon Jr. cedió el escenario y ocupó su lugar en primera fila para corear vítores en el cierre de campaña de Felipe Calderón. Gladiadores como Atlantis y Dos Caras son parte también de la militancia del partido blanquiazul, al igual que el popular Místico, quien protagoniza un anuncio en las actuales campañas políticas. Dicho anuncio se transmitió, salió del aire, lo volvieron a programar y lo volvieron a quitar. Al momento de redactar éstas líneas el spot de marras está fuera de pauta. Dicen los enterados en asuntos del pancracio que se debe a diferencias de El Místico con el Consejo Mundial de Lucha Libre, empresa a la cual pertenece y la que, aseguran, es propietaria tanto del nombre como del equipo (máscara y atuendos) del personaje.
También en el 2006, cuando el “voto por voto, casilla por casilla”, una constelación del pancracio protagonizó “Lucha por la democracia” un cartel de lujo, en apoyo a Andrés Manuel López Obrador. En la plancha del zócalo de la Ciudad de México se instaló un ring y a él subieron Ringo Mendoza, los Hermanos Dinamita (Cien Caras, Universo 2000 y Máscara Año 2000), el Villano IV y el Villano V, las luchadoras La Diabólica, Zahori, Hiroka y muchas estrellas más. Entre los réferis estuvieron El Maya y El Gatito. Parte importante en la organización y promoción de “Lucha por la democracia” la tuvo El Brazo de Oro, con largo historial pro causa perredista. El cierre de “Lucha por la democracia” fue el encuentro de “El Peje contra las Fuerzas Oscuras”. Era el 2006.
La historia del deporte y la política dan cuenta de la presencia de El Santo apoyando campañas priístas, como la de Gustavo Díaz Ordaz. La popularidad del Enmascarado de Plata era un imán para cualquier acto proselitista. Cuenta la leyenda urbana que en alguna ocasión un candidato a la Presidencia de la República pidió: “dígale (al Santo) que le agradezco mucho su cooperación, pero al paso que vamos, él terminará siendo el Presidente”. En la campaña del año 2000, en los espectaculares se podía ver la imagen del plateado y la frase “Yo con (Francisco) Labastida”, quien perdió la primera magistratura con el panista Vicente Fox.
En la lucha libre hay dinastías que han escrito páginas memorables sobre el ring. Una de ellas es la de los Villanos. Este año, el Villano III, Arturo Díaz Mendoza, fue invitado por el Partido Verde Ecologista para buscar una curul por la delegación Iztapalapa (Distrito Federal); hizo sus pinitos, declinó la invitación y regresó de lleno a la lucha, no sin antes aclarar que tal vez más delante sea el momento para ingresar de lleno a la política.
El ring, ese espacio de seis por seis, cercado por tres cuerdas, ha dado los más grandes héroes de la cultura popular mexicana. Hoy en día es, después del futbol, uno de los espacios más redituables para la televisión. La lucha y los luchadores están, literalmente, hasta en la sopa. No es extraño, entonces, que los mercadólogos políticos hayan entrado a estos terrenos a hacer la lucha.
La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción, en el ring estaban los cuatro rudos, ídolos de la afición…
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Por favor, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. Que tenga una semana en que los malos momentos salgan del ring.
lunes 1 de junio de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
En el pedir está el dar, y de pedir muchísima gente ha hecho un modo de vida. A ojo de buen cubero se estima que un limosnero profesional gana en promedio 400 pesos al día, para lograr esos 400 pesos las argucias van desde el “prefiero pedir y no robar” hasta el “Usted dispensará que le pida, pero es que acabo de salir de la cárcel”.
El tema salió porque el corresponsal de A dos de tres en la ruta Lomita-Cañadas informó que le tocó ver como dos señoras hicieron que el “promotor”, a cuya causa habían apoquinado, abriera el bote alcancía y les devolviera sus dineros. El pedinche llevaba una camiseta que al frente decía “caritas”, las doñas creyeron se trataba de Cáritas, el movimiento diocesano orientado a apoyar a la población en pobreza extrema, pero por atrás la camiseta decía “chorreadas”. Se trataba entonces de Caritas Chorreadas, la presunta organización no gubernamental dedicada a apoyar a niños de la calle, que en los últimos diez años ha estado bajo la lupa. Esta su amiga recuerda que a fines de los 90, se abrió una averiguación previa contra uno de los dirigentes de ese grupo, acusado de rapto y explotación de menores. La presunta organización emerge de manera cíclica. A sus “promotores” se les encuentra en camiones urbanos y cruceros, ya vendiendo boletos para rifas que, por supuesto Usted jamás ganará, o ya boteando. De pronto puede toparse con esos mismos “promotores” enarbolando otras causas, que también requieren “la moneda que a Usted le sobra”.
A esos mismos camiones suben los que receta médica en mano solicitan su ayuda, “para completar para la medicina”. La receta tiene fecha de por allá octubre o noviembre del año pasado y en ella se prescribe alguna vitamina o un analgésico que no rebasa los cinco pesos en las farmacias similares. En versión banqueta ese método incluye a un tipo en cuclillas, con un niño sobre las rodillas. Dice la leyenda urbana que a esos niños los sedan para que estén dormidos toda la jornada “de trabajo”, otra versión señala que los tienen ya entrenados para hacerse los dormidos, la de la letra sostiene que con el verano culichi lo más seguro es que estén insolados.
A diferencia de las calles, el camión urbano ofrece el plus de tener público cautivo. A menos que el chofer baje al pilili, o el pasaje entero se amotine, estará de espectador obligado del payaso con voz chillona, que dice chistes sin gracia alguna y canta una rima forzada. Al final, le dirá que con aplausos no come y le exigirá “se caiga para los frijolitos”. Peor que toparse con uno de esos personajes es tener que tomar otro camión y que ahí vaya otro payaso, con la misma rutina.
La caravana artística de pronto da sorpresas y por ahí aparece un entonado, con el que no le pesa contribuir. La leyenda urbana, de nuevo, cuenta que el primer escenario de Vicente Fernández fueron los camiones urbanos de Guadalajara. Entonado o desentonado, el artista siempre cerrará con “Doy gracias al chofer que me dejó cantar, la Virgen de Guadalupe seloshadepagarahíconloquegustecooperar” Así, de corridito, tiempo es dinero y se bajan los mecenas.
En versión de a pie, está el señor que anda con una grabadora inmensa al hombro. Suele llegar a loncherías, planta su karaoke ambulante, saca un micrófono, y a cantar se ha dicho. La música va por un lado y el por el otro pero qué importa, si le pone harto sentimiento a lo que interpreta. Cuando las pilas del aparato están bajas, el concierto se vuelve un galimatías. Al final el artista pedirá “con lo que guste cooperar, ahí para las baterías”. Al menos, él sí le invierte.
Pero en el camión urbano no todo es música y canciones. Ahí tiene que va Usted muy mono, abstraído en sus pensamientos, cuando de pronto alguien sube, se planta entre el pasillo y la puerta, su aspecto inspira miedo, mira a los pasajeros, uno a uno, y en lo que los mira dice de forma serena: Buenos días gente, Ustedes dispensarán que los moleste, gracias chofer (el chofer hunde la cabeza). Pues miren gente, yo acabo de salir de la cárcel pues, yo estuve preso pues, pero pues ya pagué mi deuda con la sociedad pues, yo voy saliendo de la cárcel pues, y ustedes dispensarán pues, pero estoy pidiendo su ayuda para regresarme pa’ mi tierra pues, porque yo no soy de aquí pues, por eso estoy pidiendo su ayuda pa’ juntar p’al pasaje y regresarme a mi tierra pues, ahí con lo que gusten cooperar pues, yo ya no quiero volver a asaltar, no quiero volver a ser un delincuente.
Si Usted iba a pedir la bajada ¡se aguanta!, nadie interrumpe al asaltante redimido, si hasta el chofer le bajó a la música. Para cuando pasa por la cooperación ya está uno listo con la moneda de, por lo menos, cinco pesos. Nada de pichicaterías. Más vale creer que averiguar lo firme de sus propósitos.
Pero mientras en los camiones operan los que piden para ya no volver a asaltar, en las banquetas están las que piden porque fueron víctimas de un robo. Se acercan sigilosas y exponen –unas con risa nerviosa, otras con connato de llanto- “¡Ay! Oiga, que pena, fíjese que me robaron la bolsa y no tengo manera de regresarme a mi casa, me puede ayudar con algo para el camión”. El aspecto limpio y bien arreglado es el complemento perfecto a las palabras. La bolsa se abre y la moneda se comparte, y allá va uno pensando cómo reaccionaría si le pasara algo así. Interiormente se siente un alivio de haber podido ayudar a alguien en aprietos. Esa sensación dura hasta el día en que se vuelve a topar con la mujer quien, olvidando que mentir requiere memoria, se le ha olvidado su rostro y, de nuevo, con risa nerviosa o connato de llanto, le dice “¡Ay! Oiga, que pena, fíjese que me robaron la bolsa….”. En ese momento la “pobre mujer” pasa a “vieja vividora” y uno de “buen samaritano” a “tarugo”.
Hace tiempo, en las inmediaciones de Catedral, operaba una tipa de esas. Cuando Progenitora se la topó le dio dinero suficiente “porque la pobre mujer es de Guasave, ya es tarde y apenas unas moneditas ha juntado, a ese paso iba a completar para el pasaje en una semana. Gente ratera, mira que robarle la bolsa a la pobre señora”. Como a la semana de eso, Progenitora volvió a encontrarse con la “asaltada” y que le suelta la retahíla. Progenitora se ha pegado una enchilada al saberse timada y por dádiva le dijo: “¡ay! Muchacha que bruta eres, ¿cómo que te volvieron a asaltar? Bueno tu no más vienes a Culiacán a mantener ladrones”.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ahí, con lo que guste cooperar –comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones- por favor en adosdetres@hotmail.com Prefiero pedir y no robar ideas.
Que tenga una semana pródiga de buenos momentos.
Marisa Pineda
En el pedir está el dar, y de pedir muchísima gente ha hecho un modo de vida. A ojo de buen cubero se estima que un limosnero profesional gana en promedio 400 pesos al día, para lograr esos 400 pesos las argucias van desde el “prefiero pedir y no robar” hasta el “Usted dispensará que le pida, pero es que acabo de salir de la cárcel”.
El tema salió porque el corresponsal de A dos de tres en la ruta Lomita-Cañadas informó que le tocó ver como dos señoras hicieron que el “promotor”, a cuya causa habían apoquinado, abriera el bote alcancía y les devolviera sus dineros. El pedinche llevaba una camiseta que al frente decía “caritas”, las doñas creyeron se trataba de Cáritas, el movimiento diocesano orientado a apoyar a la población en pobreza extrema, pero por atrás la camiseta decía “chorreadas”. Se trataba entonces de Caritas Chorreadas, la presunta organización no gubernamental dedicada a apoyar a niños de la calle, que en los últimos diez años ha estado bajo la lupa. Esta su amiga recuerda que a fines de los 90, se abrió una averiguación previa contra uno de los dirigentes de ese grupo, acusado de rapto y explotación de menores. La presunta organización emerge de manera cíclica. A sus “promotores” se les encuentra en camiones urbanos y cruceros, ya vendiendo boletos para rifas que, por supuesto Usted jamás ganará, o ya boteando. De pronto puede toparse con esos mismos “promotores” enarbolando otras causas, que también requieren “la moneda que a Usted le sobra”.
A esos mismos camiones suben los que receta médica en mano solicitan su ayuda, “para completar para la medicina”. La receta tiene fecha de por allá octubre o noviembre del año pasado y en ella se prescribe alguna vitamina o un analgésico que no rebasa los cinco pesos en las farmacias similares. En versión banqueta ese método incluye a un tipo en cuclillas, con un niño sobre las rodillas. Dice la leyenda urbana que a esos niños los sedan para que estén dormidos toda la jornada “de trabajo”, otra versión señala que los tienen ya entrenados para hacerse los dormidos, la de la letra sostiene que con el verano culichi lo más seguro es que estén insolados.
A diferencia de las calles, el camión urbano ofrece el plus de tener público cautivo. A menos que el chofer baje al pilili, o el pasaje entero se amotine, estará de espectador obligado del payaso con voz chillona, que dice chistes sin gracia alguna y canta una rima forzada. Al final, le dirá que con aplausos no come y le exigirá “se caiga para los frijolitos”. Peor que toparse con uno de esos personajes es tener que tomar otro camión y que ahí vaya otro payaso, con la misma rutina.
La caravana artística de pronto da sorpresas y por ahí aparece un entonado, con el que no le pesa contribuir. La leyenda urbana, de nuevo, cuenta que el primer escenario de Vicente Fernández fueron los camiones urbanos de Guadalajara. Entonado o desentonado, el artista siempre cerrará con “Doy gracias al chofer que me dejó cantar, la Virgen de Guadalupe seloshadepagarahíconloquegustecooperar” Así, de corridito, tiempo es dinero y se bajan los mecenas.
En versión de a pie, está el señor que anda con una grabadora inmensa al hombro. Suele llegar a loncherías, planta su karaoke ambulante, saca un micrófono, y a cantar se ha dicho. La música va por un lado y el por el otro pero qué importa, si le pone harto sentimiento a lo que interpreta. Cuando las pilas del aparato están bajas, el concierto se vuelve un galimatías. Al final el artista pedirá “con lo que guste cooperar, ahí para las baterías”. Al menos, él sí le invierte.
Pero en el camión urbano no todo es música y canciones. Ahí tiene que va Usted muy mono, abstraído en sus pensamientos, cuando de pronto alguien sube, se planta entre el pasillo y la puerta, su aspecto inspira miedo, mira a los pasajeros, uno a uno, y en lo que los mira dice de forma serena: Buenos días gente, Ustedes dispensarán que los moleste, gracias chofer (el chofer hunde la cabeza). Pues miren gente, yo acabo de salir de la cárcel pues, yo estuve preso pues, pero pues ya pagué mi deuda con la sociedad pues, yo voy saliendo de la cárcel pues, y ustedes dispensarán pues, pero estoy pidiendo su ayuda para regresarme pa’ mi tierra pues, porque yo no soy de aquí pues, por eso estoy pidiendo su ayuda pa’ juntar p’al pasaje y regresarme a mi tierra pues, ahí con lo que gusten cooperar pues, yo ya no quiero volver a asaltar, no quiero volver a ser un delincuente.
Si Usted iba a pedir la bajada ¡se aguanta!, nadie interrumpe al asaltante redimido, si hasta el chofer le bajó a la música. Para cuando pasa por la cooperación ya está uno listo con la moneda de, por lo menos, cinco pesos. Nada de pichicaterías. Más vale creer que averiguar lo firme de sus propósitos.
Pero mientras en los camiones operan los que piden para ya no volver a asaltar, en las banquetas están las que piden porque fueron víctimas de un robo. Se acercan sigilosas y exponen –unas con risa nerviosa, otras con connato de llanto- “¡Ay! Oiga, que pena, fíjese que me robaron la bolsa y no tengo manera de regresarme a mi casa, me puede ayudar con algo para el camión”. El aspecto limpio y bien arreglado es el complemento perfecto a las palabras. La bolsa se abre y la moneda se comparte, y allá va uno pensando cómo reaccionaría si le pasara algo así. Interiormente se siente un alivio de haber podido ayudar a alguien en aprietos. Esa sensación dura hasta el día en que se vuelve a topar con la mujer quien, olvidando que mentir requiere memoria, se le ha olvidado su rostro y, de nuevo, con risa nerviosa o connato de llanto, le dice “¡Ay! Oiga, que pena, fíjese que me robaron la bolsa….”. En ese momento la “pobre mujer” pasa a “vieja vividora” y uno de “buen samaritano” a “tarugo”.
Hace tiempo, en las inmediaciones de Catedral, operaba una tipa de esas. Cuando Progenitora se la topó le dio dinero suficiente “porque la pobre mujer es de Guasave, ya es tarde y apenas unas moneditas ha juntado, a ese paso iba a completar para el pasaje en una semana. Gente ratera, mira que robarle la bolsa a la pobre señora”. Como a la semana de eso, Progenitora volvió a encontrarse con la “asaltada” y que le suelta la retahíla. Progenitora se ha pegado una enchilada al saberse timada y por dádiva le dijo: “¡ay! Muchacha que bruta eres, ¿cómo que te volvieron a asaltar? Bueno tu no más vienes a Culiacán a mantener ladrones”.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ahí, con lo que guste cooperar –comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones- por favor en adosdetres@hotmail.com Prefiero pedir y no robar ideas.
Que tenga una semana pródiga de buenos momentos.
lunes 25 de mayo de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
Alguna vez se ha preguntado ¿quién diseña las pruebas en los programas de concurso? “La necesidad tiene cara de hereje” reza el dicho. Para salir de pobre, aunque sea momentánea o parcialmente, el camino a la mano es recurrir a la suerte, vía cachito de lotería, melate o rasca y gana. En los intentos más desesperados está participar en programa de concursos en televisión. Si se hiciera alguna lista de las pruebas más humillantes, la de la letra propone la inolvidable P’arriba papi p’arriba, del famoso programa Sube Pelayo Sube. Emisión que llevó a esta su amiga a preguntarse por vez primera ¿quién diseña las pruebas en los programas de concurso?
A principios de los 70 en los hogares mexicanos reinaba Luis Manuel Pelayo, excelente actor que hiciera mancuerna con Mauricio Garcés en películas como “Fray Don Juan”, interpretando al alcahuete mayordomo que respondía respetuoso: “Mandaba el señor”. En la pantalla chica, Luis Manuel conducía “Sube Pelayo sube”, programa que tomaba su nombre del concurso estrella, el que todo México esperaba: el palo encebado. La prueba ponía a espectadores y tele espectadores a corear al unísono “sube Fulano sube, sube Fulano sube”. En los años que duró el programa se cuentan con los dedos de las manos a quienes lograron conquistar el palo encebado. El resto de las veces, el concurso culminaba con un prolongado y piadoso “aaah” de apoyo al perdedor.
Con cada intento frustrado el palo encebado sumaba dinero que alcanzaba cifras considerables para su tiempo y para la condición económica de los concursantes. Sin embargo, había otra prueba que, sin ser la protagónica, superaba la ignominia para el participante y toda su familia, esa era “P’arriba papi p’arriba”.
Para poder participar en “P’arriba papi p’arriba” el concursante tenía que ser, invariablemente, cabeza de familia; entre más numerosa y más humilde, mejor.
Ahí tenía pues a Pelayo enfundado en su traje con pajarita, recibiendo sonriente a la Familia Equis. Papá Equis, obrero en una fábrica; Mamá Equis, dedicada a las labores del hogar y los cinco niños Equis, en escalerita de mayor a menor, el menor aún de brazos. Al igual que en el palo encebado, en P’arriba papi p’arriba los premios se acumulaban, la diferencia era que en éste último se trataba de productos. De pronto, la bolsa acumulada podía incluir: sala, comedor, estufa, refrigerador, recámara, ¡una lavadora! y hasta una bicicleta para el señor.
Semejante premio era más que suficiente para soportar cualquier humillación en cadena nacional. Y allá va la familia en pleno subiendo la empinada escalera hasta llegar al tope de una rampa resbalosa, a la que le faltaban dos grados para ser pared. El público cantaba jubiloso “P’arriba papi p’arriba”, animando al concursante, quien ya enfundado en un overol como de empleado de aseo y limpia, buscaba, en un golpe de suerte, dar a su familia lo que le estaba económicamente impedido.
Primer intento. En pos de alcanzar la meta el hombre convertía hasta sus cachetes en ventosas. El ánimo crecía. El tipo se agarraba hasta con el pelo. Nada. Falló en su intento. Al resbalar, lo hacía con una extraña lentitud, pareciera que la frustración por el fracaso amortiguara la fuerza de gravedad.
Segundo intento. Pelayo acude a tranquilizar a Papá Equis. Arenga al público a dar más ánimo. El público responde. En la meta, la familia hace lo propio. ¡Arriba corazones! Papá Equis responde también, transforma la frustración en impulso y de un brinco se ha puesto más allá de la mitad del camino. Los gritos aumentan, la orquesta toca y de pronto, cuando está más cerca de la cima que del suelo. El conductor marca el alto ¡Alto! Por favor. En la aviada Papá Equis pisó la línea de salida. El concursante ni chista, acepta con resignación. Le queda una oportunidad. Tranquilo. La siguiente es la buena.
Tercer intento. El conductor vuelve al concursante y al público, incluso al que está frente a las pantallas “usted, allá en su casa, dele ánimo” y allá estaba uno también coreando “P’arriba papi p’arriba”. Vale decir, que en la prueba el participante podía recibir ayuda de sus hijos para alcanzar la cima. Allá tenía Usted unas estampas en que el hombre va trepando y la madre prácticamente aventando los hijos, uno tras otro, en una liana humana que ayudara a lograr los muebles de sus sueños y la bici para su viejo. Uno, dos, tres, cuatro chamacos colgando. La madre, con una mano sujetando al último de un pie y con la otra deteniendo al de brazos. El padre alcanzando la cuerda de vástagos. La fuerza de gravedad haciendo lo suyo provocando que todos se vinieran abajo. En lo que resbalaban, ni público ni televidentes lograban disimular las carcajadas.
Lo que seguía eran lágrimas, apenas compartidas porque las cámaras inmediatamente tomaban al público que seguía en franca carcajada de recordar aquella hilera humana resbalando por la rampa al ritmo de “P’abajo papi p’abajo”, que tocaba la orquesta cuando el concursante fallaba.
Los domingos, la crueldad madrugaba. En familia, con Chabelo, tenía como concurso estelar la catafixia. Tras una serie de pruebas superadas, el niño debía elegir entre el altero de juguetes y golosinas que había ganado o catafixiarlos por lo escondía alguna de las tres cortinas de la catafixia. El plebe bien podía salir con un automóvil, un paquete de mueblerías K2, o un balde con un trapeador usado. Si el conductor estaba de buenas podía apiadarse del chamaco y regresarle las golosinas y un juguete; de lo contrario el amigo de todos los niños justificaba impasible “Tú lo elegiste mi chavo”.
Años después, Ausencio Cruz y Víctor Trujillo, en su programa La Caravana, recrearon esas situaciones interpretando al concursante Margarito Pérez y a Jhonny Latino, conductor del programa La Pirinola. Como en los concursos de verdad, Margarito siempre quedaba arañando el premio. Jhonny Latino, falsamente compasivo le decía “lástima Mar-ga-ri-to”. Margarito consternado insistía que había entrado al concurso porque su familia necesitaba mucho el premio. Jhonny Latino respondía artificialmente comprensivo “porque aquí nadie pierde, Margarito se va a llevar una torta de jamón que quedó de la semana antepasada. Llévelo al baile”.
Como ve, los concursos no han cambiado.
Gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Por favor, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. Que tenga una semana ganadora.
Marisa Pineda
Alguna vez se ha preguntado ¿quién diseña las pruebas en los programas de concurso? “La necesidad tiene cara de hereje” reza el dicho. Para salir de pobre, aunque sea momentánea o parcialmente, el camino a la mano es recurrir a la suerte, vía cachito de lotería, melate o rasca y gana. En los intentos más desesperados está participar en programa de concursos en televisión. Si se hiciera alguna lista de las pruebas más humillantes, la de la letra propone la inolvidable P’arriba papi p’arriba, del famoso programa Sube Pelayo Sube. Emisión que llevó a esta su amiga a preguntarse por vez primera ¿quién diseña las pruebas en los programas de concurso?
A principios de los 70 en los hogares mexicanos reinaba Luis Manuel Pelayo, excelente actor que hiciera mancuerna con Mauricio Garcés en películas como “Fray Don Juan”, interpretando al alcahuete mayordomo que respondía respetuoso: “Mandaba el señor”. En la pantalla chica, Luis Manuel conducía “Sube Pelayo sube”, programa que tomaba su nombre del concurso estrella, el que todo México esperaba: el palo encebado. La prueba ponía a espectadores y tele espectadores a corear al unísono “sube Fulano sube, sube Fulano sube”. En los años que duró el programa se cuentan con los dedos de las manos a quienes lograron conquistar el palo encebado. El resto de las veces, el concurso culminaba con un prolongado y piadoso “aaah” de apoyo al perdedor.
Con cada intento frustrado el palo encebado sumaba dinero que alcanzaba cifras considerables para su tiempo y para la condición económica de los concursantes. Sin embargo, había otra prueba que, sin ser la protagónica, superaba la ignominia para el participante y toda su familia, esa era “P’arriba papi p’arriba”.
Para poder participar en “P’arriba papi p’arriba” el concursante tenía que ser, invariablemente, cabeza de familia; entre más numerosa y más humilde, mejor.
Ahí tenía pues a Pelayo enfundado en su traje con pajarita, recibiendo sonriente a la Familia Equis. Papá Equis, obrero en una fábrica; Mamá Equis, dedicada a las labores del hogar y los cinco niños Equis, en escalerita de mayor a menor, el menor aún de brazos. Al igual que en el palo encebado, en P’arriba papi p’arriba los premios se acumulaban, la diferencia era que en éste último se trataba de productos. De pronto, la bolsa acumulada podía incluir: sala, comedor, estufa, refrigerador, recámara, ¡una lavadora! y hasta una bicicleta para el señor.
Semejante premio era más que suficiente para soportar cualquier humillación en cadena nacional. Y allá va la familia en pleno subiendo la empinada escalera hasta llegar al tope de una rampa resbalosa, a la que le faltaban dos grados para ser pared. El público cantaba jubiloso “P’arriba papi p’arriba”, animando al concursante, quien ya enfundado en un overol como de empleado de aseo y limpia, buscaba, en un golpe de suerte, dar a su familia lo que le estaba económicamente impedido.
Primer intento. En pos de alcanzar la meta el hombre convertía hasta sus cachetes en ventosas. El ánimo crecía. El tipo se agarraba hasta con el pelo. Nada. Falló en su intento. Al resbalar, lo hacía con una extraña lentitud, pareciera que la frustración por el fracaso amortiguara la fuerza de gravedad.
Segundo intento. Pelayo acude a tranquilizar a Papá Equis. Arenga al público a dar más ánimo. El público responde. En la meta, la familia hace lo propio. ¡Arriba corazones! Papá Equis responde también, transforma la frustración en impulso y de un brinco se ha puesto más allá de la mitad del camino. Los gritos aumentan, la orquesta toca y de pronto, cuando está más cerca de la cima que del suelo. El conductor marca el alto ¡Alto! Por favor. En la aviada Papá Equis pisó la línea de salida. El concursante ni chista, acepta con resignación. Le queda una oportunidad. Tranquilo. La siguiente es la buena.
Tercer intento. El conductor vuelve al concursante y al público, incluso al que está frente a las pantallas “usted, allá en su casa, dele ánimo” y allá estaba uno también coreando “P’arriba papi p’arriba”. Vale decir, que en la prueba el participante podía recibir ayuda de sus hijos para alcanzar la cima. Allá tenía Usted unas estampas en que el hombre va trepando y la madre prácticamente aventando los hijos, uno tras otro, en una liana humana que ayudara a lograr los muebles de sus sueños y la bici para su viejo. Uno, dos, tres, cuatro chamacos colgando. La madre, con una mano sujetando al último de un pie y con la otra deteniendo al de brazos. El padre alcanzando la cuerda de vástagos. La fuerza de gravedad haciendo lo suyo provocando que todos se vinieran abajo. En lo que resbalaban, ni público ni televidentes lograban disimular las carcajadas.
Lo que seguía eran lágrimas, apenas compartidas porque las cámaras inmediatamente tomaban al público que seguía en franca carcajada de recordar aquella hilera humana resbalando por la rampa al ritmo de “P’abajo papi p’abajo”, que tocaba la orquesta cuando el concursante fallaba.
Los domingos, la crueldad madrugaba. En familia, con Chabelo, tenía como concurso estelar la catafixia. Tras una serie de pruebas superadas, el niño debía elegir entre el altero de juguetes y golosinas que había ganado o catafixiarlos por lo escondía alguna de las tres cortinas de la catafixia. El plebe bien podía salir con un automóvil, un paquete de mueblerías K2, o un balde con un trapeador usado. Si el conductor estaba de buenas podía apiadarse del chamaco y regresarle las golosinas y un juguete; de lo contrario el amigo de todos los niños justificaba impasible “Tú lo elegiste mi chavo”.
Años después, Ausencio Cruz y Víctor Trujillo, en su programa La Caravana, recrearon esas situaciones interpretando al concursante Margarito Pérez y a Jhonny Latino, conductor del programa La Pirinola. Como en los concursos de verdad, Margarito siempre quedaba arañando el premio. Jhonny Latino, falsamente compasivo le decía “lástima Mar-ga-ri-to”. Margarito consternado insistía que había entrado al concurso porque su familia necesitaba mucho el premio. Jhonny Latino respondía artificialmente comprensivo “porque aquí nadie pierde, Margarito se va a llevar una torta de jamón que quedó de la semana antepasada. Llévelo al baile”.
Como ve, los concursos no han cambiado.
Gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Por favor, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. Que tenga una semana ganadora.
lunes 18 de mayo de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
Las luces se apagan, sólo resplandece el seguidor que apunta hacia la puerta que da a camerinos. La música se mezcla. El Mucha Crema toma el micrófono y comienza a hacer lo suyo: Lucharaaan a una caída, con límite de tiempo. Sin empate y sin indulto. Eeen eeesta esquina, portando un atuendo plagado de colores, se dicen técnicos pero tienen una larga historia de marrullerías y rudezas: los partidos pooolíticos.
En esta otra, con un traje cada vez más austero, conocedores de las tácticas sucias de sus oponentes: eeel electorado. El réferi supremo para esta contienda es el conocido IFE, quien ha forjado su propia historia en la arena de los medios electrónicos.
En la mesa de comentaristas, éstos observan y advierten al respetable público: los Partidos deben tener cuidado en este encuentro. Desde la víspera anticiparon que le arrancarán el voto a los ciudadanos, aplicándole su llave de moda: la del hartazgo. Sin embargo, el Electorado amenaza con que si le aplican la del hartazgo, responderán con su más contundente candado: el abstencionismo.
El réferi no ha escatimado en gastos para recordarle a rudos y técnicos quien es el árbitro supremo sobre el ring. Quien pone y aplica las reglas. Por si a alguno se le hubiera olvidado, se aventó un campañón para advertir que si la credencial “es cero tres renueva”, al final salió con que renovados y no renovados podrán entrarle por igual a la votación. Ya el réferi, pues, dejó bien claro: en mi elección y con mis reglas ¡se me respeta! -dicen los comentaristas-.
Así las cosas, inició mayo y con ello se abrió la arena de los medios electrónicos para los partidos políticos. En lo que el Muchacrema anunciaba a los contendientes, el réferi volvió a hacer de las suyas, ahora al grito de “cuéntale”. Esta vez, al árbitro se le pasó la mano y la repetición del “cuéntale” en cada corte comercial, de cada canal de televisión abierta, ha hecho que la fanaticada haya acuñado la ingeniosa y cada vez más popular frase: “eres más enfadoso que un comercial del IFE”.
La secta del Mesías Tropical. Enfundados en su traje color naranja, aparece Convergencia que cambió su pegajosa tonadita “naranja, naranja” por la mesiánica rúbrica “Salvemos a México”, pronunciada por el mijmíjimo Peje, quien aparece a cuadro tras haberlo invocado con la oración “estaríamos mejor con López Obrador”. Con todo y este culto a la personalidad, el Peje no va a ganar, ni candidato es en esta elección. Aún así, le estaremos agradecidos por habernos legado una frase, que llegó para quedarse como protagonista de incontables chascarrillos –observan los comentaristas-.
Viene ahora un equipo con el que no se sabe quien tiene el colmillo más largo y retorcido. Un equipo integrado por una mini y un veterano de mil batallas: la chamaca perredista y Chucho. Dicen los que saben, que trabajar con niños y perros es peligroso porque te pueden robar el espectáculo. Este es el caso. Protagonista estelar en múltiples combates, Chucho (escuincla dixit) queda reducido a vil patiño de esa cruza de Chispita con Pituka y Petaka, salida de las reservas perredistas. A medida que avanza la campaña, la chamaca lleva a la pantalla refuerzos: el padre recién despedido de su empleo a causa de la crisis (esto no hubiera pasado con López Obrador), la madre que ya tiene su changarrito con todo y RFC (¿sería de los changarros foxistas?) y la más reciente adquisición, recién llegada del gabacho: el tío Luis, indocumentado damnificado por la crisis gringa. Por más parentela que aparezca en los anuncios, el PRD no contará con un voto: el de su mascota mediática, que ni credencial de elector ni edad para votar tiene. El tiempo es sabio -señalan los comentaristas-.
Ellos no limitan la lucha a tecnicismos y rudezas, ellos van más allá. Son los promotores de un nuevo estilo de lucha basado en la polémica. Llegan vistiendo los colores del arcoíris, con la música de Village People como fondo: los socialdemócratas. De tiempo acá, cada vez más rubros han entendido que el dinero rosa vale lo mismo que cualquier moneda de curso legal. Así, son cada vez más quienes se dirigen específicamente al segmento de mercado que forma la comunidad lésbico, gay, transexual y transgénero. La arena política no es la excepción y el Partido Socialdemócrata va, abiertamente, por los votos de esa fanaticada enarbolando, como principal bandera, la diversidad sexual. Para refrendarlo, varios de sus candidatos son gays, lesbianas, transgéneros o transexuales declarados. La polémica podrá ser mucha; que si qué caso tiene tomar las preferencias sexuales como bandera, que si qué caso tiene callarlo. Se diga lo que se diga, votos son votos y la hermandad del arcoíris es fuerte y poderosa –indican contundentes los comentaristas-.
En su insistencia en ponerle el cascabel al gato, el socialdemócrata suma a su plataforma política la despenalización del aborto. Una autodeclarada quinceañera anticipa que en dos años más, cuando tenga 17, el novio la va a embarazar, la va a abandonar y ella se practicará un aborto clandestino y va a ir a dar a la cárcel. Al margen de si se está a favor o en contra del aborto, ¿no le sería más práctico y menos riesgoso, en esos dos años por venir, conocer y recurrir a métodos anticonceptivos eficaces?, o de plano que alguien le diga que existe la píldora de la ye y la del día siguiente –proponen los comentaristas-.
Tranquilos, tranquilos, dice el réferi, que nadie se azote porque hay vidrios. Si alguien del respetable público se siente incómodo por el anuncio de los socialdemócratas, el programador se encargará de que inmediatamente después entre a cuadro Iridia Salazar con su embarazo de casi nueve meses.
Para este cotejo el blanquiazul puso candidato de lujo. No escatimó nadita de nada y en sus comerciales pide el voto para el mismísimo Felipe Calderón. A la taekwandoín Iridia Salazar, que tantas alegrías le dio a México, le preocupa la seguridad pública. La preocupación de Iridia la comparte el Místico, luchador de moda de un deporte de moda. (Atlantis es panista de toda la vida, pero no está tan de moda como el Místico) Ambos deportistas protagonizan una campaña pidiendo el voto para Felipe Calderón. De la parte alta del coso, por el rumbo de la porra ruda, una voz se alza gritando: “esto no hubiera pasado con López Obrador”. La arena estalla en carcajadas. Así es la lucha –advierten los comentaristas-.
Ellos se presentan como la quintaesencia de la experiencia. Enfundados en atuendos en vivo color rojo (de nuevo la porra ruda: esos de rojo) llegan con ustedes los priístas. En sus comerciales leen el teleprompter (el acordeón) como quien lee en un examen de la vista. Excepto Lilia Aragón, los demás dicen sus líneas como recitando “Mamá soy Paquito”, pero eso no importa, porque a este equipo ni las ofensas, ni las mentiras para desprestigiarlos, los van a doblegar. Su rúbrica es no permitir que la política divida al país. En lo que desfilan por la pasarela política, como música de fondo se escucha: “somos amigos de ustedes amigos, amigos de verdad, por siempre amigos de ustedes, amigos, no vamos a fallar” –los comentaristas están distraídos viendo a una edecán-.
La lucha es drama y en el pancracio electoral el drama está representado por el partido Verde Ecologista. Portando un atuendo verde y un pajarraco como emblema llegan con Ustedes: los ecologistas. Traen una cadena de triunfos que los ha sorprendido a ellos mismos, vienen en busca de elevar esa suma. Para ello no se midieron y en vez de anuncio armaron una telenovela de un solo capítulo.
-Los comentaristas han dejado de escanear descaradamente a la edecán y retoman sus comentarios- La señora enferma. El abnegado, amoroso y sobreactuado marido que le gritonea al empleado porque no tienen la medicina de su esposa. Los ecológicos sentenciando: Si el Gobierno no tiene las medicinas, ahora tendrá que pagárnoslas. Al final la señora se alivia y el ingenio popular tiene una frase más para los chistes. –Dicen los comentaristas-.
No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Vamos a ver si el 5 de julio el Electorado se cobra la llave del hartazgo, aplicando el candado del abstencionismo a los Partidos y al IFE, en respuesta a los 23 millones 400 mil spots pautados. –Insisten los comentaristas- Lucharáaan a una sola caída con límite de tiempo.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe: comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que la semana le traiga alegrías sin límite de tiempo.
Marisa Pineda
Las luces se apagan, sólo resplandece el seguidor que apunta hacia la puerta que da a camerinos. La música se mezcla. El Mucha Crema toma el micrófono y comienza a hacer lo suyo: Lucharaaan a una caída, con límite de tiempo. Sin empate y sin indulto. Eeen eeesta esquina, portando un atuendo plagado de colores, se dicen técnicos pero tienen una larga historia de marrullerías y rudezas: los partidos pooolíticos.
En esta otra, con un traje cada vez más austero, conocedores de las tácticas sucias de sus oponentes: eeel electorado. El réferi supremo para esta contienda es el conocido IFE, quien ha forjado su propia historia en la arena de los medios electrónicos.
En la mesa de comentaristas, éstos observan y advierten al respetable público: los Partidos deben tener cuidado en este encuentro. Desde la víspera anticiparon que le arrancarán el voto a los ciudadanos, aplicándole su llave de moda: la del hartazgo. Sin embargo, el Electorado amenaza con que si le aplican la del hartazgo, responderán con su más contundente candado: el abstencionismo.
El réferi no ha escatimado en gastos para recordarle a rudos y técnicos quien es el árbitro supremo sobre el ring. Quien pone y aplica las reglas. Por si a alguno se le hubiera olvidado, se aventó un campañón para advertir que si la credencial “es cero tres renueva”, al final salió con que renovados y no renovados podrán entrarle por igual a la votación. Ya el réferi, pues, dejó bien claro: en mi elección y con mis reglas ¡se me respeta! -dicen los comentaristas-.
Así las cosas, inició mayo y con ello se abrió la arena de los medios electrónicos para los partidos políticos. En lo que el Muchacrema anunciaba a los contendientes, el réferi volvió a hacer de las suyas, ahora al grito de “cuéntale”. Esta vez, al árbitro se le pasó la mano y la repetición del “cuéntale” en cada corte comercial, de cada canal de televisión abierta, ha hecho que la fanaticada haya acuñado la ingeniosa y cada vez más popular frase: “eres más enfadoso que un comercial del IFE”.
La secta del Mesías Tropical. Enfundados en su traje color naranja, aparece Convergencia que cambió su pegajosa tonadita “naranja, naranja” por la mesiánica rúbrica “Salvemos a México”, pronunciada por el mijmíjimo Peje, quien aparece a cuadro tras haberlo invocado con la oración “estaríamos mejor con López Obrador”. Con todo y este culto a la personalidad, el Peje no va a ganar, ni candidato es en esta elección. Aún así, le estaremos agradecidos por habernos legado una frase, que llegó para quedarse como protagonista de incontables chascarrillos –observan los comentaristas-.
Viene ahora un equipo con el que no se sabe quien tiene el colmillo más largo y retorcido. Un equipo integrado por una mini y un veterano de mil batallas: la chamaca perredista y Chucho. Dicen los que saben, que trabajar con niños y perros es peligroso porque te pueden robar el espectáculo. Este es el caso. Protagonista estelar en múltiples combates, Chucho (escuincla dixit) queda reducido a vil patiño de esa cruza de Chispita con Pituka y Petaka, salida de las reservas perredistas. A medida que avanza la campaña, la chamaca lleva a la pantalla refuerzos: el padre recién despedido de su empleo a causa de la crisis (esto no hubiera pasado con López Obrador), la madre que ya tiene su changarrito con todo y RFC (¿sería de los changarros foxistas?) y la más reciente adquisición, recién llegada del gabacho: el tío Luis, indocumentado damnificado por la crisis gringa. Por más parentela que aparezca en los anuncios, el PRD no contará con un voto: el de su mascota mediática, que ni credencial de elector ni edad para votar tiene. El tiempo es sabio -señalan los comentaristas-.
Ellos no limitan la lucha a tecnicismos y rudezas, ellos van más allá. Son los promotores de un nuevo estilo de lucha basado en la polémica. Llegan vistiendo los colores del arcoíris, con la música de Village People como fondo: los socialdemócratas. De tiempo acá, cada vez más rubros han entendido que el dinero rosa vale lo mismo que cualquier moneda de curso legal. Así, son cada vez más quienes se dirigen específicamente al segmento de mercado que forma la comunidad lésbico, gay, transexual y transgénero. La arena política no es la excepción y el Partido Socialdemócrata va, abiertamente, por los votos de esa fanaticada enarbolando, como principal bandera, la diversidad sexual. Para refrendarlo, varios de sus candidatos son gays, lesbianas, transgéneros o transexuales declarados. La polémica podrá ser mucha; que si qué caso tiene tomar las preferencias sexuales como bandera, que si qué caso tiene callarlo. Se diga lo que se diga, votos son votos y la hermandad del arcoíris es fuerte y poderosa –indican contundentes los comentaristas-.
En su insistencia en ponerle el cascabel al gato, el socialdemócrata suma a su plataforma política la despenalización del aborto. Una autodeclarada quinceañera anticipa que en dos años más, cuando tenga 17, el novio la va a embarazar, la va a abandonar y ella se practicará un aborto clandestino y va a ir a dar a la cárcel. Al margen de si se está a favor o en contra del aborto, ¿no le sería más práctico y menos riesgoso, en esos dos años por venir, conocer y recurrir a métodos anticonceptivos eficaces?, o de plano que alguien le diga que existe la píldora de la ye y la del día siguiente –proponen los comentaristas-.
Tranquilos, tranquilos, dice el réferi, que nadie se azote porque hay vidrios. Si alguien del respetable público se siente incómodo por el anuncio de los socialdemócratas, el programador se encargará de que inmediatamente después entre a cuadro Iridia Salazar con su embarazo de casi nueve meses.
Para este cotejo el blanquiazul puso candidato de lujo. No escatimó nadita de nada y en sus comerciales pide el voto para el mismísimo Felipe Calderón. A la taekwandoín Iridia Salazar, que tantas alegrías le dio a México, le preocupa la seguridad pública. La preocupación de Iridia la comparte el Místico, luchador de moda de un deporte de moda. (Atlantis es panista de toda la vida, pero no está tan de moda como el Místico) Ambos deportistas protagonizan una campaña pidiendo el voto para Felipe Calderón. De la parte alta del coso, por el rumbo de la porra ruda, una voz se alza gritando: “esto no hubiera pasado con López Obrador”. La arena estalla en carcajadas. Así es la lucha –advierten los comentaristas-.
Ellos se presentan como la quintaesencia de la experiencia. Enfundados en atuendos en vivo color rojo (de nuevo la porra ruda: esos de rojo) llegan con ustedes los priístas. En sus comerciales leen el teleprompter (el acordeón) como quien lee en un examen de la vista. Excepto Lilia Aragón, los demás dicen sus líneas como recitando “Mamá soy Paquito”, pero eso no importa, porque a este equipo ni las ofensas, ni las mentiras para desprestigiarlos, los van a doblegar. Su rúbrica es no permitir que la política divida al país. En lo que desfilan por la pasarela política, como música de fondo se escucha: “somos amigos de ustedes amigos, amigos de verdad, por siempre amigos de ustedes, amigos, no vamos a fallar” –los comentaristas están distraídos viendo a una edecán-.
La lucha es drama y en el pancracio electoral el drama está representado por el partido Verde Ecologista. Portando un atuendo verde y un pajarraco como emblema llegan con Ustedes: los ecologistas. Traen una cadena de triunfos que los ha sorprendido a ellos mismos, vienen en busca de elevar esa suma. Para ello no se midieron y en vez de anuncio armaron una telenovela de un solo capítulo.
-Los comentaristas han dejado de escanear descaradamente a la edecán y retoman sus comentarios- La señora enferma. El abnegado, amoroso y sobreactuado marido que le gritonea al empleado porque no tienen la medicina de su esposa. Los ecológicos sentenciando: Si el Gobierno no tiene las medicinas, ahora tendrá que pagárnoslas. Al final la señora se alivia y el ingenio popular tiene una frase más para los chistes. –Dicen los comentaristas-.
No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Vamos a ver si el 5 de julio el Electorado se cobra la llave del hartazgo, aplicando el candado del abstencionismo a los Partidos y al IFE, en respuesta a los 23 millones 400 mil spots pautados. –Insisten los comentaristas- Lucharáaan a una sola caída con límite de tiempo.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe: comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que la semana le traiga alegrías sin límite de tiempo.
miércoles 6 de mayo de 2009
A dos de tres
Marisa Pineda
Si la influenza porcina se hubiera presentado en que tiempos cuando esta su amiga era plebe, lo obligado habría sido exclamar: se va a acabar el mundo. Hoy en día, en vez del fin del mundo se responde con teorías cuya credibilidad parece crecer en función de lo inverosímiles de sus bases.
Los estudiosos de la comunicación social advierten, atinadamente, que el exceso de información conlleva el riesgo de la desinformación. En cabal cumplimiento a esa sentencia, una semana de influeza mediática lejos de aportar claridad sobre el nuevo mal, ha contribuido a fomentar el sospechosismo y la duda. En esta labor los medios de comunicación no están solos, cuentan con el apoyo de muchos de nuestros funcionarios y legisladores.
Declaraciones del tipo: 15 casos que teníamos registrados, menos 11 que descartamos, más uno que sí confirmamos y seis que sí eran pero ya se controlaron, más tres que ingresaron ayer, dan en total cuatro casos que no son y uno que estamos esperando el resultado; provocan decir espero que a como suma y resta no tome la presión.
De refuerzo, voces legislativas con pose de a-mi-no-me-engaña-nadie aseguran que todo es un cochino compló orquestado por los sucios usureros del sistema para favorecer a las empresas farmacéuticas, y van más allá cuestionando ¿a ver, dónde están los muertos? ¿Por qué no nos han mostrado a los muertos?
Pero el asunto no para ahí. A ello se suman “teorías” de internet sustentadas en la Doctrina del Shock, en reportes secretos por todos conocidos o en las profecías de Yiovanita. En A dos de tres no nos quedamos atrás y el Departamento de la Ciencia Pragmática de A dos de tres emite sus teorías, tan sólidas como las mencionadas.
“El Código Pin Pon”. Durante muchos años nos han dicho que Pin Pon es un muñeco muy lindo y de cartón, que se lava sus manitas con agua y con jabón. ¡Nada! Pin Pon era un druida que predijo que al llegar el Siglo XXI una plaga se presentaría. Pin Pon sabía que el principal antídoto contra esa plaga sería el agua y el jabón, entonces creó un código musical para transmitir el mensaje de generación en generación. Los alquimistas farmacéuticos molestos con Pin Pon, lo acusaron de haberse aliado con los fabricantes de jabón. Su compló para desacreditarlo fracasó, entonces tomaron venganza convirtiéndolo en un muñeco de cartón. Demasiado tarde, unos gitanos se habían aprendido la canción y en su andar por el mundo la habían llevado a muchísimos lugares. Aún hoy, las notas musicales del Código Pin Pon se estudian arduamente por los aprendices de piano y órgano, en busca de nuevas claves, de mensajes ocultos y para tratar de desentrañar qué hay detrás de la frase “Pin Pon dame la mano con un fuerte apretón”.
“El Testamento del Hijo del Papá”. En la época reciente los medios de comunicación y el internet difundieron la imagen de un hombre que se decía el Hijo del Papá, quien denunciaba con desespero que lo habían amarrado como un puerco. Los aliados al sistema aseguraban que el hombre estaba influido por sustancias etílicas y que su constante insistencia en que lo habían amarrado como un puerco era producto de la repetida ingesta de dichas sustancias. ¡Nada! Un grupo de investigadores descubrió que “me amarraron como a un puerco” era un mensaje en clave, anticipando los tiempos que venían. El Hijo del Papá abandonó este mundo tiempo después de dar su mensaje, en circunstancias trágicas (que se presumen crimen de estado). Al igual que Pin Pon, el Testamento del Hijo del Papá sigue transmitiéndose a través de ringtones, del internet y de la tradición oral.
“Operación Pilatos”. La Operación Pilatos es un meticuloso plan, ejecutado con precisión quirúrgica para elevar la economía de la industria textil, química y manufacturera. Con la caída de la economía mundial, los fabricantes de peyón, de hilo elástico y de jabón líquido se reunieron en una asamblea secreta para analizar y determinar la forma en que podrían salvar esos productos.
El peyón, tela empleada en la elaboración de campos quirúrgicos, trapos limpiadores, cubrebocas y escenografías en festivales de jardines de niños, estaba a punto de desaparecer por la caída en las ventas. Los fabricantes de hilo elástico invirtieron fuertes cantidades en las semanas de la moda del mundo para imponer las blusas y vestidos con frunces a base de hilo elástico; sin embargo, la medida fue insuficiente y había que emprender nuevas estrategias.
A su vez, los fabricantes de jabón líquido se sentían amenazados por el auge de los jabones artesanales y las transnacionales farmacéuticas (incluyendo genéricas y similares) también estaban en problemas porque los diabéticos, hipertensos, migrañosos, ulcerosos, enfermos de cáncer y demás eran bien poquitos. Además, la derrama que aportaban los consumidores de la belleza y juventud embotellada, encapsulada y untada tampoco era gran cosa. Había que hacer algo drástico y más permanente que una diabetes o una celulitis.
Fue entonces que los representantes de esas industrias decidieron emprender la Operación Pilatos, consistente en propiciar la mutación de un virus que permitiera el empleo de sus productos como parte de las medidas de prevención y tratamiento. Así, se encontró que la influenza porcina era la salida ideal. Para su prevención se requeriría cubrebocas, para el cual es indispensable el peyón y el hilo elástico (sin él se caen); así como jabón líquido (lavar manos cada hora, como plan b para que repunte bien el mercado); y para reforzar se recomendaría limpiar perillas, manijas, pasamanos y bocinas de teléfono, lo cual beneficiaría a los fabricantes de productos que aromatizan, limpian y desinfectan. Además, si alguien se enfermaba por brincar el cerco sanitario, le entrarían al quite los fármacos para atacar el mal. Negocio redondo.
Sin embargo no hay crimen perfecto, y en la conspiración hay empresas raspadas. Los propietarios de negocios relacionados con bienes y servicios, así como con el turismo, preparan ya en respuesta la Operación Buzlaigtyir. Al ver que cada vez más países aparecen como focos de infección están considerando empezar a promover viajes “all inclusive” al infinito y más p’allá. Los espías industriales filtraron que ya se tiene el diseño de las pulseritas que deberán portar los turistas, para poder tener acceso a todos los servicios que incluye el paquete.
En tiempos en que la de la letra era plebe, versiones como esas hubieran dado paso a la sentencia: el mundo se va a acabar. La Matriarca, quien no se distinguía por su diplomacia, respondía con un filosófico y muy cargado de razón: “El mundo se va acabando para el que se lo va llevando la chingada”. Ante la influenza mediática, en A dos de tres nos limitamos a recordarle que no es lo mismo influenza porcina que cochina gripe; por ello retomamos la recomendación que el gran José Alfredo nos hiciera: “ya estás grandecita, ya entiendes la vida, ya sabes lo que haces”.
Por otra parte, a manera de flash informativo: Nos reportan que varios centros turísticos de corta estancia, conocidos popularmente como hoteles de paso, están cerrados, debido a que la alerta sanitaria llevó al cierre de guarderías y las empleadas no tienen quién les cuide a los niños, por ello no acudieron a trabajar y no hay personal suficiente para mantener el punto abierto. Lávese las manos y tome las medidas prudentes para vivir el amor en los tiempos de influenza.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que tenga una semana libre de malas influenzas.
Marisa Pineda
Si la influenza porcina se hubiera presentado en que tiempos cuando esta su amiga era plebe, lo obligado habría sido exclamar: se va a acabar el mundo. Hoy en día, en vez del fin del mundo se responde con teorías cuya credibilidad parece crecer en función de lo inverosímiles de sus bases.
Los estudiosos de la comunicación social advierten, atinadamente, que el exceso de información conlleva el riesgo de la desinformación. En cabal cumplimiento a esa sentencia, una semana de influeza mediática lejos de aportar claridad sobre el nuevo mal, ha contribuido a fomentar el sospechosismo y la duda. En esta labor los medios de comunicación no están solos, cuentan con el apoyo de muchos de nuestros funcionarios y legisladores.
Declaraciones del tipo: 15 casos que teníamos registrados, menos 11 que descartamos, más uno que sí confirmamos y seis que sí eran pero ya se controlaron, más tres que ingresaron ayer, dan en total cuatro casos que no son y uno que estamos esperando el resultado; provocan decir espero que a como suma y resta no tome la presión.
De refuerzo, voces legislativas con pose de a-mi-no-me-engaña-nadie aseguran que todo es un cochino compló orquestado por los sucios usureros del sistema para favorecer a las empresas farmacéuticas, y van más allá cuestionando ¿a ver, dónde están los muertos? ¿Por qué no nos han mostrado a los muertos?
Pero el asunto no para ahí. A ello se suman “teorías” de internet sustentadas en la Doctrina del Shock, en reportes secretos por todos conocidos o en las profecías de Yiovanita. En A dos de tres no nos quedamos atrás y el Departamento de la Ciencia Pragmática de A dos de tres emite sus teorías, tan sólidas como las mencionadas.
“El Código Pin Pon”. Durante muchos años nos han dicho que Pin Pon es un muñeco muy lindo y de cartón, que se lava sus manitas con agua y con jabón. ¡Nada! Pin Pon era un druida que predijo que al llegar el Siglo XXI una plaga se presentaría. Pin Pon sabía que el principal antídoto contra esa plaga sería el agua y el jabón, entonces creó un código musical para transmitir el mensaje de generación en generación. Los alquimistas farmacéuticos molestos con Pin Pon, lo acusaron de haberse aliado con los fabricantes de jabón. Su compló para desacreditarlo fracasó, entonces tomaron venganza convirtiéndolo en un muñeco de cartón. Demasiado tarde, unos gitanos se habían aprendido la canción y en su andar por el mundo la habían llevado a muchísimos lugares. Aún hoy, las notas musicales del Código Pin Pon se estudian arduamente por los aprendices de piano y órgano, en busca de nuevas claves, de mensajes ocultos y para tratar de desentrañar qué hay detrás de la frase “Pin Pon dame la mano con un fuerte apretón”.
“El Testamento del Hijo del Papá”. En la época reciente los medios de comunicación y el internet difundieron la imagen de un hombre que se decía el Hijo del Papá, quien denunciaba con desespero que lo habían amarrado como un puerco. Los aliados al sistema aseguraban que el hombre estaba influido por sustancias etílicas y que su constante insistencia en que lo habían amarrado como un puerco era producto de la repetida ingesta de dichas sustancias. ¡Nada! Un grupo de investigadores descubrió que “me amarraron como a un puerco” era un mensaje en clave, anticipando los tiempos que venían. El Hijo del Papá abandonó este mundo tiempo después de dar su mensaje, en circunstancias trágicas (que se presumen crimen de estado). Al igual que Pin Pon, el Testamento del Hijo del Papá sigue transmitiéndose a través de ringtones, del internet y de la tradición oral.
“Operación Pilatos”. La Operación Pilatos es un meticuloso plan, ejecutado con precisión quirúrgica para elevar la economía de la industria textil, química y manufacturera. Con la caída de la economía mundial, los fabricantes de peyón, de hilo elástico y de jabón líquido se reunieron en una asamblea secreta para analizar y determinar la forma en que podrían salvar esos productos.
El peyón, tela empleada en la elaboración de campos quirúrgicos, trapos limpiadores, cubrebocas y escenografías en festivales de jardines de niños, estaba a punto de desaparecer por la caída en las ventas. Los fabricantes de hilo elástico invirtieron fuertes cantidades en las semanas de la moda del mundo para imponer las blusas y vestidos con frunces a base de hilo elástico; sin embargo, la medida fue insuficiente y había que emprender nuevas estrategias.
A su vez, los fabricantes de jabón líquido se sentían amenazados por el auge de los jabones artesanales y las transnacionales farmacéuticas (incluyendo genéricas y similares) también estaban en problemas porque los diabéticos, hipertensos, migrañosos, ulcerosos, enfermos de cáncer y demás eran bien poquitos. Además, la derrama que aportaban los consumidores de la belleza y juventud embotellada, encapsulada y untada tampoco era gran cosa. Había que hacer algo drástico y más permanente que una diabetes o una celulitis.
Fue entonces que los representantes de esas industrias decidieron emprender la Operación Pilatos, consistente en propiciar la mutación de un virus que permitiera el empleo de sus productos como parte de las medidas de prevención y tratamiento. Así, se encontró que la influenza porcina era la salida ideal. Para su prevención se requeriría cubrebocas, para el cual es indispensable el peyón y el hilo elástico (sin él se caen); así como jabón líquido (lavar manos cada hora, como plan b para que repunte bien el mercado); y para reforzar se recomendaría limpiar perillas, manijas, pasamanos y bocinas de teléfono, lo cual beneficiaría a los fabricantes de productos que aromatizan, limpian y desinfectan. Además, si alguien se enfermaba por brincar el cerco sanitario, le entrarían al quite los fármacos para atacar el mal. Negocio redondo.
Sin embargo no hay crimen perfecto, y en la conspiración hay empresas raspadas. Los propietarios de negocios relacionados con bienes y servicios, así como con el turismo, preparan ya en respuesta la Operación Buzlaigtyir. Al ver que cada vez más países aparecen como focos de infección están considerando empezar a promover viajes “all inclusive” al infinito y más p’allá. Los espías industriales filtraron que ya se tiene el diseño de las pulseritas que deberán portar los turistas, para poder tener acceso a todos los servicios que incluye el paquete.
En tiempos en que la de la letra era plebe, versiones como esas hubieran dado paso a la sentencia: el mundo se va a acabar. La Matriarca, quien no se distinguía por su diplomacia, respondía con un filosófico y muy cargado de razón: “El mundo se va acabando para el que se lo va llevando la chingada”. Ante la influenza mediática, en A dos de tres nos limitamos a recordarle que no es lo mismo influenza porcina que cochina gripe; por ello retomamos la recomendación que el gran José Alfredo nos hiciera: “ya estás grandecita, ya entiendes la vida, ya sabes lo que haces”.
Por otra parte, a manera de flash informativo: Nos reportan que varios centros turísticos de corta estancia, conocidos popularmente como hoteles de paso, están cerrados, debido a que la alerta sanitaria llevó al cierre de guarderías y las empleadas no tienen quién les cuide a los niños, por ello no acudieron a trabajar y no hay personal suficiente para mantener el punto abierto. Lávese las manos y tome las medidas prudentes para vivir el amor en los tiempos de influenza.
Muchas gracias por leer éstas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Ya sabe, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en adosdetres@hotmail.com Que tenga una semana libre de malas influenzas.
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